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Maricruz Sánchez

Plaza Mayor

Maricruz Sánchez


Viajar en tren

09/07/2021

Siempre he pensado que viajar en tren puede ser tremendamente inspirador. No es lo mismo que hacerlo en autobús, o en avión; la cercanía que se genera en el interior de un vagón entre sus ocupantes no se logra en el habitáculo de un vehículo ni en una cabina a miles de pies sobre el suelo. Cada coche del convoy se convierte en un pequeño microcosmos durante las horas que dura el trayecto, y todos los pasajeros, todos, tienen una pequeña historia que contar.

La última vez que experimenté esa sensación, la diversión que puede generar observar a los viajeros de un tren, fue hace apenas unos días. En el Intercity Algeciras-Madrid de ese sábado había de todo, como en botica. Y claro, eso para alguien que disfruta imaginando vidas ajenas, es un deleite. Las amigas que vuelven de la playa en su verano más loco tras aprobar la selectividad y antes de empezar la universidad, que no paran de mover sus pulgares sobre la pantalla de un móvil mientras devoran bolsas de aperitivos que brotan sin descanso de sus mochilas. La señora que habla constantemente por teléfono, relatando todas sus intimidades a cualquiera que esté por la labor de escucharlas. El chico que ve una serie tras otra en su tablet, mientras apura un refresco de cola. Y, como no, el trotamundos que narra impetuoso sus múltiples experiencias a lo largo y ancho del planeta, sin reparar en que su interlocutor cabecea con desinterés.

Completan el lienzo del vagón una chica solitaria, con look hippie, que lee una novela. Una mujer con una persona dependiente a su cargo, con cara de cansancio y mil batallas a la espalda de su día a día. Y una pareja con varios niños pequeños, que trata de entretenerlos como puede para que el trayecto se les haga más ameno. 
Junto a ellos, una servidora, atenta a todo lo que pasa a su alrededor, ávida de observar sus gestos y tejer historias inventadas.