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Martín Serrano

Plaza Mayor

Martín Serrano


La cola

29/06/2021

Reconozcámoslo, la vacuna funciona. Su primer efecto positivo: que todos tenemos cinco años menos que los de nuestra quinta. Reconózcanlo, nunca habíamos estado tanto tiempo en una cola y nos habíamos quejado menos. Claro, el motivo pesaba mucho. Pero no era solo por eso. También hacía la espera de hora y media más llevadera el ambientillo, la curiosidad, el ver a otros de nuestra edad con más kilos o con menos pelo. Esa sonrisilla hacia adentro...

Allá que nos presentamos todos animosos a por la vacuna de la covid, y tal y como somos para casi todo: los hay agonías que llegan media hora antes; otros, con cinco minutos previos al inicio de la franja horaria adjudicada; y les hay que llegan por los pelos, o directamente tarde. Porque son así. No lo pueden evitar. Pero, en general, reina la educación, la amabilidad y la concordia. ¡¡Que por fin me vacunan!! ¡¡Que podré disfrutar de un verano un poco más libre que el anterior!! ¡Que sí se ve la luz al final del túnel!

Y allí estamos, radiografiando a todo el que se suma a la larga fila que da dos vueltas al Coliseum (en la UBU era más ágil): Uno llega acompañado de su pareja; otro hecho un pincel con toda la ropa de marca; alguna no hace ni dos días que ha pasado por la peluquería; está el que pregunta todo serio a la voluntaria de Protección Civil -por eso de animar el cotarro y demostrar que está contento de que llegara este momento- si la cola es para sacar las entradas para el San Pablo... Y como fiel acompañante del 99%, el móvil.

La fila avanza lentamente y se van viendo compañeros de clase; a unos se hace por saludarlos y a otros, lo contrario. Es que han pasado 40 años. Les hay callados, que contestan con gestos a los vecinos de delante y detrás, y les hay que no callan. Pues volvemos a coger el móvil. ¡Ah! Y lo mejor es cuando un señor todo estirado y trajeado, al que ves pasar varias veces cerca de ti, o sin rumbo, solicita ayuda a Protección Civil porque, según confiesa, ha dado dos vueltas completas y no encuentra al último de la fila. ¡Ay! ¡Como cuando los padres al volante se pierden y siguen adelante antes que preguntar...! 

¡Qué juventud!