Samuel Gil Quintana

Libre de marca

Samuel Gil Quintana


Honor

10/05/2021

A veces las cosas no son lo que parecen. O no son tan fáciles. Y hasta ahí puedo leer, o escribir. ¿Qué es peor? ¿Vivir como un monstruo o morir como un buen hombre? Teddy Daniels parecía tenerlo claro en Shutter Island. Pero sobre todo, Teddy Daniels podía decidir. 

Los nombres que se mostraron ayer sobre las butacas del Fondo Sur son el mejor ejemplo. El homenaje de la grada de animación a los trabajadores del Burgos Club de Fútbol ejemplifica una realidad tan perenne como oscura: la libertad interior, la que corre por nuestras venas, no basta. 

Por eso hay días en los que es necesario gritar. Y es una suerte, en cierto modo, que los futbolistas y el cuerpo técnico del Burgos hayan sido valientes, también fuera del césped, porque su comunicado es una descarga para ellos, para los empleados del club, para sus familias y para todos los que queríamos que su esfuerzo no quedase encerrado entre las cuatro paredes de un vestuario. Y no. No se trata de pensar si el momento era o no adecuado. Se trata de entender que para algunos, la situación había alcanzado un punto límite. Y los límites es mejor no pasarlos.

El Burgos ganó al filial del Celta en un final de partido loco. En el verde burgalés se jugó una batalla trepidante, de máxima exigencia, digna de un playoff. La antesala perfecta para la banda de locos antes de su cita con la historia. El resultado, las sensaciones y la tensión competitiva encontraron su momento perfecto en la frente de Claudio Medina. El Plantío fue, un día más, una fiesta. Sin embargo, hubo una gran diferencia respecto a gestas pasadas: las sonrisas de ayer eran libres, descansadas. Y es que el honor, como se leyó en la grada, se tiene o no se tiene. Y lo merece quien, aunque no le dejen, se lo gana.