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Ignacio Fernández

Ignacio Fernández

Periodista


La bomba

19/05/2022

La guerra de Ucrania está desgarrando nuestras entrañas. Nos deja sin palabras la crueldad de sus contendientes y la tibieza casi doméstica con la que se asume la muerte, los cadáveres tirados a cientos por todos lados. Es doloroso. Pero aunque el escenario sea Europa, nos resulta lejano y no es infrecuente encontrarnos a gente que prefiere no seguir las noticias para no atormentarse.
El Diario Palentino publicó el domingo una doble página cuya lectura me impactó. El reportaje examinaba qué pasaría si cayera una bomba atómica sobre la capital palentina. Morirían no menos de 17.000 personas, pero podrían llegar a perecer hasta 100.000, en función del tipo de arma que fuera detonada. Sólo leerlo me produjo escalofríos.
Porque si la tranquilidad respecto de que este supuesto jamás ocurrirá ha de provenir de que no suelan darse acontecimientos improbables, se me ocurren unos cuantos de esos que» jamás ocurrirán» pero que acaban ocurriendo. Quién habría vaticinado el confinamiento mundial o el propio litigio bélico ucraniano y mira, en esas andamos.
El caso que el informe del Diario Palentino me volvió a poner en la consciencia la realidad de un conflicto que nos es del todo cercano y cuya magnitud empequeñece esas sandeces con las que acostumbrarnos a entreternos en las irrelevantes polémicas con que se alimenta la actualidad cotidiana. Y me dio por pensar hasta qué punto este es un momento determinante en la civilización y de qué manera haremos para solventarlo. Leí ayer en el mismo periódico el reportaje sobre Tatiana (ha perdido a sus padres en el conflicto) y Viacheslav, de Mariupol, residentes ahora en Palencia, donde la vida de abre paso de nuevo para ellos y definitivamente concluí que la guerra es aquí y que nos toca a todos, a todos sin excepción. Es nuestra guerra.

ARCHIVADO EN: Ucrania, Mariúpol, Palencia