TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Soria

07/07/2020

Soria ha sido, y es, paradigma de despoblación, de provincia condenada a la desertización, al abandono. Cuando se puso de moda lo de la España vacía, muchos pensamos inmediatamente en Soria, aunque también podíamos habernos fijado en Zamora, Ávila, Segovia, Tierra de Campos, Montaña Palentina y muchas otras zonas de Castilla y León o de la España interior. Pero Soria tenía algo más, como si su situación fuera especialmente grave y nos llegara directamente al corazón sin filtros ni matices. Soria se convertía en el símbolo de lo que nunca tenía que haber pasado pero que seguía sucediendo. Desde que en el año 83 que recorrí parte de la tierra soriana estoy enamorado de ella y de la enorme energía que desprende. La ermita de San Baudelio, la fortaleza califal de Gormaz, las ruinas de Tiermes, el cañón del río Lobos, el paso del fuego en San Pedro Manrique, Calatañazor, los restos vivos de la vieja Celtiberia con Numancia a la cabeza son lugares que te atrapan, que te cortan la respiración, que te hacen mirar hacia tus adentros. Y los veías agonizar. A ellos y sobre todo a las gentes que les habían dado vida. Y te preguntabas siempre: ¿por qué? y ¿hasta cuándo? La primera pregunta continúa sin respuesta. La segunda puede tenerla si fructifican algunos de los planes que se anuncian. El último de ellos fue el suscrito el pasado viernes entre los presidentes de Aragón, Castilla-La Mancha (ambos del PSOE) y Castilla y León (PP), los tres unidos para hacer frente al terrible reto demográfico que padecen sus regiones, es decir, sin eufemismos baratos, a la despoblación. Y pidieron lo de siempre: dinero, ayudas, mejorías fiscales, discriminación positiva y apoyo, y no solo de boquilla, al mundo rural de tres provincias: Soria, Teruel y Cuenca. Ninguna llega a los 13 habitantes por kilómetro cuadrado, algo que Europa tendrá que valorar a la hora de respaldar a estas zonas. Y también reclamaron que el Gobierno considere este asunto como un problema de Estado y lo haga notar en los próximos presupuestos. Soria, ahora, como sinónimo de ilusión y esperanza. Veremos.



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