Ana Castellanos


Todos nos portamos bien

27/11/2020

Todos deseamos que  nuestro pueblo o barrio siga siendo oasis de salud y el coronavirus ni se acerque. Pero este virus caprichoso castiga a unos más que a otros y nadie sabe bien por qué. Como bien decía el alcalde de Espinosa de los Monteros hace poco, sus vecinos seguro que lo están haciendo tan bien como otros, respetando en su inmensa mayoría las normas, pero sus ratios se disparan y el 9,6% de quienes tienen una tarjeta sanitaria en esta zona de salud, que también engloba a Montija y Sotoscueva, han enfermado de covid 19 durante estos meses. Los porcentajes bajan al 6,1% en la zona de salud de  Villarcayo; el 5,4% en la de Medina;el 3,5%, en la de Tobalina;el 3,3% en la de Valdebezana;y el 1,75%, en la de Losa.
Hay quienes sacan pecho y presumen de mantener a raya al bicho en sus pueblos. En algunos casos se equivocan del todo, porque el bicho que ha entrado en sus tierras es el de la despoblación y el silencio. Así es fácil que el Sars-CoV-2 no ataque, con una muy escasa densidad de población en un amplio territorio. En los desiertos demográficos de Las Merindades, el virus no encuentra a quien contagiar. Se ceba donde hay vida y relaciones sociales, esas que esta maldita pandemia nos está hurtando con la amenaza de no poder reunirnos ni con nuestros padres y hermanos en Navidad. En una familia numerosa como la mía no me salen las cuentas, pero si hay que proteger la salud del abuelo habrá que estudiar una solución. Igual nos tenemos que organizar una cena on line, no sé si por Zoom, por Skipe o por videollamada de WhatsApp. Aunque seguro que se caen las líneas. Los de los pueblos tendremos que esperar a la fibra óptica para poner en práctica esos experimentos. A paciencia, desde luego, no nos gana nadie. Salud.