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Martín Serrano

Plaza Mayor

Martín Serrano


Groucho, el coherente

05/05/2021

Todos estamos hechos de lo mismo; entre otras cosas, de células, sentimientos e incoherencias. De estas últimas, unas veces somos conscientes y otras no; algunas obedecen a la evolución y al legítimo derecho a cambiar de opinión. También pueden encerrar ignorancia, mala fe, intereses más o menos confesables o mentiras mondas y lirondas.
Me vienen a la mente varios nombres de políticos e intelectuales que, con focos y luz propia, abandonan posiciones o barcos a punto de hundirse para saltar a otros que navegan a toda máquina sin pestañear ni perder un segundo en otear las huellas que han ido dejando. Y gente que declara con golpes en el pecho una fe profunda y hace lo contrario de lo que esta predica. También futbolistas que besan un escudo y dicen que siempre soñaron con esa camiseta. Y dos años después hacen lo mismo con otra y más dinero en la cartera. 
Estos días pasados, con la Superliga de fútbol (con la que estoy en desacuerdo), hemos escuchado a varios jugadores de primera fila hablar de que eso rompería el romanticismo del fútbol. Precisamente el que ellos nunca demostraron saltando de un club a otro cuando les doblaban la ficha.
Y si hablamos de nombres de recochineo, qué decir de las dictaduras de la República Popular China o de la antigua República Democrática Alemana.
En los últimos años todos estamos viendo cómo las entidades financieras siguen ganando muchos millones y cerrando oficinas para ‘ofrecernos mejor servicio y estar más cerca de nosotros’. Y lo dicen con una sonrisa, sin pestañear y mirándonos a los ojos. 
Lo dicho, coherencia por los cuatro costados. Menos mal que siempre nos queda Marx (Groucho, claro): «Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros».