Plaza Mayor

Evaristo Arzalluz


Sexo y pantallas

30/04/2021

Para atontar al personal los romanos utilizaron el circo: panem et circenses. Franco el fútbol. Ahora, según Florentino, el fútbol no da más de sí, pero si los jóvenes no van al fútbol es porque prefieren las pantallas (Play station, Nintendo, etc.), que han resultado ser mucho más eficaces para el atontamiento colectivo (hay un juego llamado Fornite que causa furor en todos los niños a partir de los 10 años). Y luego está la pantalla de la televisión, con la Pantoja, ahora con Rociíto, y otros programas que me suenan tipo Sálvame y no sé qué de una isla, que también tienen su público. 
Las pantallas hay que empaparlas de sexo, que juega un papel importantísimo porque el sexo produce placer y el placer es el sucedáneo de la felicidad. Si los jóvenes se convencen de que el placer es felicidad y no hay más, no la echarán de menos. La estrategia funciona de maravilla, lo demuestran las cifras de consumo de porno, que están disparadas.
Pantallas y sexo, los dos ingredientes que hacen que los jóvenes no lean, no sepan nada de historia, religión, literatura, y sean unos perfectos ignorantes y por consiguiente indefensos, inermes, manipulables, desvalidos ante cualquier agresión ideológica.
Pues bien, esa agresión ya está aquí: es la filosofía del odio que, después de deconstruir todo  poso de cultura occidental -que es lo mismo que decir cultura cristiana- pretende ocupar el terreno baldío.  ¿Y qué ofrece? Odio: todo blanco es racista, todo hombre es machista, todo heterosexual es homófobo, y todos ellos fascistas.
Nadie va a proteger a los jóvenes de la agresión, ni la derecha, que ni sabe ni le importa, ni la Iglesia, desactivada por desprestigio, ni sus padres, que no hemos sabido formarles y darles criterio. Dos mil años de historia anulados. Mil millones de cristianos desorientados.
Esta columna debería haberse titulado La batalla cultural, pero entonces nadie la habría leído.



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