La columnita

Jesús de la Gándara


Covid y humildad

11/01/2021

Si algo bueno pudiera tener el desastre COVID es la posibilidad de aprender. Los humanos solemos ser torpes y vagos, pero también podemos ser listos y aplicados. La diferencia entre lo uno y lo otro es la capacidad de aprender. Para aprender se necesita atención y repetición, y también la humildad del sabio que sabe lo mucho que ignora y disfruta aprendiendo. Luego aprender y humildad son cosas sabias que el COVID nos puede facilitar. 

De hecho la COVID nos ha enseñado que todos somos vulnerables, que para el virus no hay ricos ni pobres, urbanistas ni pueblerinos, ciudadanos de primera o de segunda, todos somos de tercera. También nos ha enseñado a tener humildad de especie. A la nuestra se le han bajado los humos, y las demás, si pudieran, se reirían de nosotros. Luego es una lección de humildad individual y colectiva que no vendría mal aprender, y de paso corregir los errores y torpezas de esta modernidad superlativa. 

De nada vale tener una casa más grande, un coche más potente, un móvil más listo, un armario con más fondo, ni más fondos en el banco. Todo eso es bueno si sabemos conseguirlo y utilizarlo con inteligencia y mesura, de lo contrario sus brillos acaban cegándonos. Tampoco es mejor ser ciudadano del Imperio, ni urbanícola hipermoderno, ni máster por el MIT, si el precio a pagar es la debilidad y la ceguera. Casi mejor ser rurales sencillos con un huerto, una cabra, un cerdo, y tiempo para ver atardecer.

Pero no nos engañemos a los humanos se nos va la boca hablando de humildad. Presumir de ella es fácil, pero en el fondo no nos gusta, pues significa humillarse, arrodillarse, rendirnos, y nada de eso es propio de esta especie que siempre, pero nunca tanto como ahora, ha aspirado a ser como los dioses.

Sin embargo hay una versión de la humildad que si nos gusta. Es la humildad que viene del latín humilitas, palabra que deriva de humus, que significa tierra, y más concretamente tierra fértil. La humildad fecunda del ser sencillo que siembra, planta, abona, cuida y recoge, y luego comparte. Esa humildad es magnífica y todos deberíamos aprenderla y apreciarla. Si al menos sacamos eso del desastre COVID quizá haya servido para algo tanto sufrimiento. Si la apreciamos y aplicamos a la vida puede que en el futuro seamos más sabios y alegres, pues no en vano aprender, ademas de beneficios, siempre produce satisfacción y alegría.