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Vladimir V. Laredo

Petisoperías

Vladimir V. Laredo


Dulce pájaro de juventud

14/09/2022

En una agosteña tarde de agosto, hallábame disfrutando de una infusión helada en la terraza de un concurrido establecimiento hostelero de nuestra ciudad. Como soy de natural curioso y dado a observar a quien me rodea, advertí una escena que me hizo añorar mi cada vez ya más lejana juventud.

La protagonizaban un chico y una chica, apenas adolescentes, bellos ambos y con toda una vida por delante, que se hallaban en la barra, pidiendo sus consumiciones. «Dos refrescos de cola y una ración doble de bravas, por favor», dijo el joven. El camarero, atento, las trajo al punto. La joven hizo el ademán de sacar una bonita cartera de color rosado que atesoraba en su bolso. Pero el joven, galante como ya no se estila, sujetó suavemente su mano para que no lo hiciera. Y antes de retirarse a una de las pocas mesas libres que aún quedaban, alargó un billete de cinco euros al camarero. El camarero, firme, se acercó y le dijo «Son siete euros, caballero». El joven se quedó allí cual estatua de sal, haciendo evidente que aquel reluciente billete era el único dinero que llevaba encima. Azorado y atenazado por la vergüenza, dirigió su mirada hacia la bella joven que a su lado aún estaba. Ella había seguido toda la escena sin alejarse ni un centímetro de él, y comprendió las implicaciones de la situación. Así pues, sacó su cartera de color rosado de su también rosado bolso y, con un gesto apenas imperceptible, sacó un billete de diez euros que entregó al camarero.

Tras esto, ambos se sentaron en la mesa, y aunque al principio el joven se mostraba francamente contrariado, la animada conversación que mantenían, las burbujas de los refrescos y las notas picantes de la salsa que bañaba aquellas sabrosas patatas, hicieron su magia, y el resto de la tarde transcurrió veraniega y apacible para la joven pareja. Pasado un largo rato, ambos se marcharon, cogidos de la mano, y se perdieron en el runrún de la ciudad, animada pese a ser una tarde del perezoso agosto burgalés.

Apuré mi infusión, y deseé verme transportado a ese mundo ya olvidado en el que cinco euros bastaban para pagar dos refrescos de cola y una ración doble de bravas, a pesar de saber que mi vida jamás me llevaría de nuevo a él.
@VladimirConV