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Fernán Labajo

Plaza Mayor

Fernán Labajo


Burgueses

14/09/2022

Ha habido en los últimos días cierto revuelo en esa taberna cibernética llamada Twitter a colación del concierto de la banda de rock SKA-P en la Plaza Mayor de Valladolid. Hubo quien reprochó a este grupo cobrar de las arcas públicas 152.000 euros por un bolo de dos horas (desconozco de dónde sacó la cifra) y luego hablar de la lucha obrera. Este comentario despertó el manido debate sobre si una persona tiene derecho a ser rico y a su vez encabezar una reivindicación social que promueva la igualdad de todos. 

A priori el asunto me causa interminables bostezos. No entiendo qué controversia puede haber en que una persona dé la cara por la clase obrera desde su privilegiada atalaya. Me asalta la siguiente cuestión: ¿Cuál es el límite de pasta que debes ganar para poder reivindicar que los que te rodean tengan las mismas oportunidades que tú? Luego escarbo un poco en la personalidad de algunos especímenes y ya me cuesta más salir en su defensa. Básicamente porque entra en juego la hipocresía, y eso me gusta menos. 

Hablo de personas que tratan de ocultar por todos los medios su verdadera clase social. Que se disfrazan de algo que no son para que precisamente no les echen en cara que su tribu es otra. Durante la pandemia corrió como la pólvora el vídeo de un chaval (que resultó ser afiliado de Más País) recriminando a sus vecinos una cacerolada al Gobierno. Un discurso exacerbado a favor de la lucha obrera; un manifiesto por lo público. De casta le venía al galgo, porque decía ser hijo y nieto de trabajadores que se habían dejado la piel en el taxi. 

Pero alguien le quitó la careta. Resultó ser hijo de un afamado médico, criado entre clases de hípica y colegios privados. Una vida disfrutada y luego escondida bajo la alfombra. Ya lo decía Tom Wolfe en La palabra pintada: «No hay nada más burgués que tener miedo de parecer burgués».