María Albilla


Bares, qué lugares...

14/02/2021

Sí, hoy mi reflexión tiene banda sonora porque todos sabemos que no hay nada como el calor del amor en un bar, así que sirva de homenaje a todos los que habitan tras esas barras que tanto añoramos.  Hace unos días una amiga decía con retintín, «¿qué bares? ¡Yo ya ni me acuerdo!», en alusión al cerrojazo al que están siendo sometidos por las restricciones. Querida, ansío la normalidad tanto como todos, pero nunca me he podido olvidar de ellos...
A poco que uno haya viajado por el norte de Europa habrá podido constatar desde hace años que el clima no era una cortapisa para las terrazas. Hasta ahora, lo había sido en Burgos, pero quizá podamos sacar algo bueno de este invierno pandémico y es que estamos demostrando que nos gustan los bares en todas sus formas. Somos gente de bar, ¡sí! ¿qué pasa?
Ahora mismo es imprevisible adelantar cómo serán los bares post COVID-19, pero yo, gamonalera de adopción, no veo el momento de que llegue un domingo en el que pueda volver a la pelea en el Alpi para tomar la primera caña del vermú con una gilda y un pincho de pulpo y degustarlas bravas de la Mari en el New Park. Uy señores, pero el aperitivo no solo es cosa del día del Señor... Los sábados entre recado y recado no hay como una visita al Obregón. José, el mejor tabernero del barrio, pone unos bocatitas de agujas con guindillita y anchoa que quitan el hipo y unos pinchos de bonito que pa’qué. Y ya, solo apto para parroquianos y valientes, el vinito en un porrón. Pasar por el Gonvarri con el dicharachero Eliseo siempre al pie de cañón, el rico cafetito mañanero en El Tentempié... ¡ Y la Belle Epoque! ¡Ay! Esos cafés largos con amigas que acaban en unas cervecitas mientras Iván sigue al pie del cañón, antes de ir a tomar la última, o lo que sea, al Aserradero...
Salivo si pienso en el picoteo de los viernes en El Rubio, siempre hasta las cartolas, o en las flautas del Don Jamón, que no tienen desperdicio... Queda claro ¿no? ¡Me gustan los bares!



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