Plaza Mayor

Carmelo Palacios


Caselli, Messi y Cristina

09/02/2021

«Y sí, me suena ese nombre. ¿Caselli no es el tipo que iba contra D’Onofrio en las elecciones de River y perdió?», preguntó el taxista esperando estar en lo cierto. «Sí, sí, ese.  Te lo digo porque la temporada pasada compró un club en España, el Burgos CF, y ha traído a Pisculichi y al ‘Trapito’ Barovero», le comenté. «Pero… ¿Pisculichi sigue jugando? Si ya está muy grande», dijo sorprendido. «Sí, 37 años creo que tiene», le contesté viendo que le había picado la curiosidad. «¿Y en qué categoría?», se interesó. «La tercera división por importancia en España, la ‘C’, como decís vosotros», le dije al conductor, de unos 50 años y con pelo cano, antes de explicarle que estábamos en Buenos Aires para cubrir la Copa Intercontinental FIBA con el San Pablo.

«Y volviendo al fútbol, ¿Messi se va o se queda?», me preguntó. «Yo creo que se va», respondí sin dictar sentencia. «¿Con Pep o con Neymar?», interpeló inmediatamente. «No lo sé, igual le convence Pochettino... A todo esto, ¿qué dice la gente aquí en Argentina de su contrato multimillonario?», le comenté para averiguar qué ambiente se respiraba en las calles. «A la gente acá le da igual, tiene preocupaciones mucho más grandes», soltó con un tono y un gesto visiblemente más triste.

Continué por ahí con la charla. Siempre he pensado que hablar con los taxistas cuando viajas sirve para tener una visión cruda, a pie de calle, de lo que ocurre en un país: «¿Está muy mal la cosa por Argentina?». «Remal», zanjó. «¿Mucho paro?», insistí. «Acá trabajamos 10 millones y con esa guita mantienen a 46 que viven de ayudas. En otros países también hay corrupción, pero no a este nivel. Lo que pasa acá no pasa en ningún otro lado», se quejó resignado. 

«Sigue Cristina Kirchner metida en el gobierno todavía, ¿no?», le piqué para ver si se mojaba. «Y sí, de vicepresidenta está. A ver si le pilla el virus, pero es tan mala esa boluda que capaz lo mata ella al virus para siempre y nos salva», espetó sin ningún tipo de remordimiento mientras detenía el taxi. «330 pesos, por favor. Oye, ¿y qué pasó con el trofeo que vinieron a ver? ¿Ganaron?». «Sí, somos campeones del mundo».