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Ignacio Fernández

Ignacio Fernández

Periodista


Nebrija

07/07/2022

A tiempo estamos de darle el realce que se merece a la efemérides del 500 Aniversario de la muerte de Nebrija, que con su Gramática embridó lo que entonces no era sino una deformación vulgar del latín y que hoy constituye nuestro recurso de comunicación más identitario y, desde luego, una potente herramienta económica: el español. Nebrija, sevillano, fue además salmantino de adopción y en la universidad de Salamanca estudió, ejerció cátedras y llegó a tener el papel de mentor.

Hablamos de un coetáneo de los Reyes Católicos, recriado en Bolonia, testigo de una época cultural clave porque su carrera discurre en paralelo con la implantación de la imprenta en nuestro país; de hecho fue uno de los primeros en devengar los que ahora conocemos como derechos de autor. Biblista, renacentista en su más genuina expresión de estudioso de diversas materias y ciencias, Nebrija fue una celebridad en su época y su figura ha adquirido el valor de uno de los grandes intelectuales españoles de todos los tiempos.

Nebrija y Salamanca están indisociablemente unidos y sólo en la capital del Tormes se han organizado algunos eventos culturales para la ocasión. Pero es una lástima que el resto de la Comunidad, que lleva el nombre del idioma en su gentilicio, no le haya prestado aún la atención que se merece a este aniversario y al personaje de que se trata. 

No estaría de más que de cara al otoño se tuviera en cuenta la necesidad de retomar iniciativas que permitan abordar a fondo su figura y reflexionar sobre el tratamiento que le damos al idioma y sobre la brillantez de la época universitaria en que Nebrija se desenvolvió y que por ahora no parece tener parangón contemporáneo.