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Luis Miguel de Dios

TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Eléctricas

07/09/2021

El día que Jehová ordenó “Hágase la luz” pilló a las eléctricas reunidas. Todas tenían Junta General de Accionistas para, entre otros asuntos menores, repartir beneficios. Por eso Dios pudo poner gratis la luz natural. Cuando Iberdrola y demás compañías se quejaron y acusaron al Creador de competencia desleal, de dumping y otros delitos, Éste, el Sumo Hacedor, para evitar broncas y líos, les concedió la facultad de que ellas cobraran por la luz artificial viniera de donde viniera, del agua, del carbón, del viento. (El Altísimo ni siquiera sospechaba que existiera la energía nuclear; lo del uranio no se le había ocurrido). Las eléctricas, claro, se frotaron las manos y se pusieron a hacer pantanos, instalar molinos y buscar bajo tierra antracita, hulla y lignito. Y pusieron precio a sus servicios: altos, caros, onerosos para la mayor parte de su población. Cuando Dios se dio cuenta de su error, ya era tarde, ya no había marcha atrás. Las eléctricas mandaban más que él, como sucede ahora con los gobiernos. Y, salvo que cambien mucho las cosas, como ocurrirá en el futuro. Por eso andan los precios como andan, porque ni Dios puede arreglarlos. Y parece que los gobiernos, el de España, por ejemplo, menos. Explicaciones sí da. Y muchas. Cada día un par de ellas, ya procedan de ministros, de directores generales e, incluso, del propio Pedro Sánchez, que el domingo en una entrevista, aseguraba: “Cuando acabe 2021, se habrá pagado de luz lo mismo que en 2018”. Bueno, como dice mi cuñado, es más fácil y cómodo creerlo que averiguarlo, pero tengo un remolque de dudas, especialmente porque no hay día en el que no nos cuenten que se ha alcanzado un nuevo record (por arriba) en la factura. Y mientras tanto, las eléctricas tiran balones fuera y acumulan beneficios. Y alguna, léase Iberdrola, y no me gusta señalar, vacía el embalse de Ricobayo (Zamora) para ordeñar más y mejor la vaca sin necesidad de echarle forraje. El pantano ha pasado de ser un mar imponente y precioso a convertirse en una meadilla, lo poco que trae el Esla, que da grima y pena. Y no pasa nada. Hágase la luz. Y la luz fue hecha. Y cobrada a buen precio. En el Paraíso, cuando Adán y Eva, no pasaban estas cosas.