Plaza Mayor

Martín Serrano


Un tornillo menos

08/10/2020

Ante tiempos tan atosigantes e inseguros, cada uno busca sus salidas, sus desahogos, sus puntos de equilibrio y sus amarres para mantenerse a flote. Les hay que los encuentran pronto y fácil descargando un diccionario entero de insultos, descalificaciones y juicios ligeros e indocumentados de primero de EGB (con perdón para esos niños y niñas, que en los tiempos actuales están en primero de Primaria) despotricando contra todo gobierno a mano, desde el municipal hasta el nacional. Y no queda títere con cabeza. 
En el otro extremo, algunos, quizá insensatos, tratan de conservar la calma y no enervarse (encabronarse era la otra opción, pero he sido capaz de dominar los nervios verbales) ante las tertulias y los telediarios simplemente cambiando de cadena y quedándose con Los Simpson y la enésima reposición de Friends y The Big Band Theory. Los echan continuamente en una cadena que se autodefine como juvenil.   
Como sospecho que ya saben dónde estoy yo, pese a las canas, no daré más vueltas ni gastaré más líneas ni segundos. A donde yo quería llegar era a distraerles sin más, a recordarles que quedarse unos minutos contemplando las peleas y los amoríos de palomas, gorriones o picazas no es perder el tiempo. Y tampoco preguntarse por qué con tanta frecuencia al planchar los niquis y las camisas un extremo del cuello suele quedarse cóncavo y el otro convexo (quizá por eso en muchos casos ponen botoncitos). ¿O por qué son tan aficionados a jugar al voleibol los ecuatorianos?
Me entenderán si les digo que entre mis proyectos vitales irrenunciables, además de visitar los 1.200 pueblos de la provincia de Burgos, está el pasear por la calle Me falta un tornillo. Sí, existe; y está muy cerca del Ikea de Valladolid.