Observando al Mundo

Marian Peña


Las colas de la vergüenza

23/09/2020

Entre las nuevas costumbres que nos ha traído la pandemia me referiré hoy a un fenómeno en el que seguro han reparado: la proliferación de colas en la calle, por todas partes y con los más variados fines. Hacemos cola para entrar en los comercios, para recoger mascarillas o a la puerta del centro de salud para hacernos un análisis de sangre. No deja de ser contradictorio cuando, por otra parte, se nos indica que tenemos que evitar a toda costa las aglomeraciones, terreno abonado para el contagio; y así pasa, que a veces es tan numerosa la afluencia de personas que la cola se desmanda y salta por los aires la famosa distancia de seguridad. Que se lo digan a los profesores madrileños, llamados hace unas semanas a realizarse una prueba PCR justo antes del comienzo de curso. Lo que allí sucedió fue el colmo del despropósito.

Pero también los burgaleses tenemos nuestras colas de la vergüenza. Tuvieron lugar a principios del mes de agosto y fueron provocadas por la convocatoria de la Junta de Castilla y León de las ayudas a los ERTE. Las filas llegaron varios días hasta el edificio de comisaría; sin embargo, no es eso lo más lamentable sino la humillación y la tomadura de pelo a los trabajadores que supone una convocatoria que nos obliga a competir por ver quién llega antes a registrar su petición, porque solo los primeros serán los afortunados. Quizá pensaron nuestros responsables autonómicos que el retraso en la publicación, hacerlo en el mes de agosto y obligar a los trabajadores a presentar la solicitud en persona iba disuadir o a despistar a muchos, y no tengo espacio para hablar del desastre de la organización. En vista de las colas, no fue así y, una vez más, han quedado en evidencia. No tendría que ser necesario todo esto en la era de Internet y de los datos cruzados. Si quieren ayudar, ayuden de verdad y a todos, pero no hagan paripés ni convocatorias para las que no tienen los fondos necesarios. Personalmente, yo me sentí y me siento humillada y muy cabreada.