TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La comodidad

11/01/2021

Igual entre todos les hemos ido empujando hacia un lugar de privilegio, a Barça, Madrid y compañía, quiero decir, en el que desean el césped a equis centímetros, el termostato a equis grados, el rival con equis disposición (a ser posible que aprieten con desorden y dejen mucho hueco a sus espaldas), el público a equis decibelios, los arbitrajes con equis permisividad… y antes del partido pregutarles, serviles, «¿Está todo de su gusto?». Y cuando no lo tienen, queja. Incluso cuando ganan, porque hay algo que ya no soportan: estar incómodos.

La comodidad del gigante es el bien más preciado en las elites y la gran mentira del neofútbol que tanto les protege. Si tiran de hemeroteca (y sobre todo videoteca… o simple memoria), recordarán partidos infames de charcos y fango, de nieve y lluvia torrencial, de balones que se paraban y de camisetas marrones, de botas que pesaban dos kilos porque iban sumando capas de barro, de cabezas chocando en las alturas buscando una pelota sucia y pierna dura contra pierna dura sobre el lodazal. En ese escenario, las fuerzas se equilibraban. Porque el equipo 'menor' (en calidad, en presupuesto, en plantilla… en fútbol, en una palabra) necesita buscar estrategias, dentro de la legalidad, para tumbar a ese gigante. Y si vamos facilitándole comodidades, tal vez llegue un momento en que no le haga falta ni jugar para que le den los tres puntos.

Cuando termina el partido de Pamplona y Zidane camina frustrado hacia la sala de prensa, una idea le recorre la cabeza. «No la digas, no la digas», piensa. Él mismo jugó en patatales infumables de los que casi siempre (la calidad manda) salió victorioso. Pero lo dijo: «Esto no ha sido un partido de fútbol». Un error clamoroso que Kroos había 'corregido' previamente: «No hay excusas. Con nuestra calidad tenemos que crear más».



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