LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Crisis política

28/09/2020

Los ciudadanos asisten atónitos a uno de los momentos más difíciles de la reciente historia, principalmente por la pandemia y sus consecuencias y daños colaterales pero también por una crisis política, sin precedentes, que está conduciendo al país al caos más absoluto. No solo ya debe preocupar la falta de acuerdo para la renovación de órganos básicos para el sistema, donde no existe el consenso necesario, sino también por actitudes que protagonizan a diario, tanto el Ejecutivo, como la oposición, que hacen pensar que, además de que circulan por caminos diferentes, se han introducido en una peligrosa espiral sin salida que solo les lleva al enfrentamiento diario. Encima se aplauden entre sí ante un público que ya no entiende lo que pasa, mientras el escándalo del día es superado inmediatamente por el del siguiente y así de forma sucesiva. Vivimos en un momento de extraordinario ruido que no es bueno para la convivencia democrática.
Seis meses prácticamente de la transmisión comunitaria de una cepa desconocida del coronavirus, que para frenarla sometió a la población a un largo confinamiento, han servido para que los profesionales de la sanidad, quienes han estado en la primera línea de fuego, y han suplido con su ímprobo esfuerzo la falta de infraestructuras y recortes de personal, hayan podido profundizar en una enfermedad desconocida y sin tratamiento y que, además, carece de un medicamento específico para combatirla, con un trabajo de detección prematura que evita muchos ingresos hospitalarios. 
Sin embargo no se ha avanzado nada en lo político, todo lo contrario, vemos cómo solo ha durado horas un acuerdo entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la responsable de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que se niega a tomar medidas más drásticas para frenar el avance del virus, mientras que se ha colocado de capital líder mundial en contagios. 
Un problema de la gravedad sanitaria como el que se vive a nivel mundial debe centrar la gestión de quien se ha entregado al servicio público, aunque su sueldo provenga siempre del mismo sitio: los administrados. 
Existe una falta de liderazgo político que lleva a la desorientación del ciudadano, que sigue haciendo colas ante los organismos oficiales porque le dan cita telefónica, le atiende su médico a distancia y estará pagando una deuda económica por muchos años. 
Ahora se argumenta que la segunda oleada de la pandemia se ha producido por adelantar la desescalada, fue obvio quién salía con las cacerolas y quien no votó seguir las fases amparadas en el estado de alarma, ya no hay 8-M para echar la culpa; también se reivindicaba que toda la gestión pasara a las comunidades, ahora parece que el responsable es el Gobierno central, como se le ha escuchado al líder de la oposición cuando se criticaba la gestión de su presidenta madrileña. El sistema autonómico, por diversas causas, incluidas las separatistas, pasa por un momento muy difícil en cuanto a credibilidad, hasta se puede entender lo bien que la ultraderecha vendía el discurso populista de que había que devolver competencias a la Administración central, lo que pasa es que como conocen las mieles de los gobiernos regionales, ya ni hablan de ello... Lo malo de todo es que la historia nos dice que surge un caudillo que nos lleva a la interminable dictadura.



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