El Rincón de...

José María Vicente


Galgos o podencos

05/01/2021

Parece que eran unos doscientos que habían quedado para darse un homenaje coincidiendo con el fin de año. A juzgar por las imágenes de televisión, el lugar era bastante inhóspito. Una nave industrial abandonada en medio del campo catalán. Al menos la ventilación estaba asegurada.

Se habían citado por las redes sociales. Cabe pensar que ese mundo online es indiscreto por naturaleza y que las autoridades competentes estarían al corriente. Esto no es una improvisación. Supongo que para acudir a una fiesta de cuatro días en medio de la nada hay que llevar cierta intendencia, y no me refiero sólo a una muda y un saco de dormir. Si vas a estar cuatro días de marcha me imagino que llevarían algún suplemento vitamínico. Ya me entienden.

Como es evidente todo esto requiere de una cierta logística. No tanto como la llegada de las vacunas, pero algo sí. El caso es que la fiesta empezó y fue rodeada de furgones de los mossos actuando de mirones. Esa función la tienen bien aprendida desde aquella vergüenza de simulacro de referéndum.

El caso es que uno se pregunta por qué no intervienen y desalojan la juerga antes de que la cosa se convierta en un foco covid ingobernable. Si se tratara de un incendio o de algún tipo de desastre natural los bomberos intervendrían de inmediato para poner a salvo a las personas e instalaciones. Sin embargo, en la fiesta el dilema era dilucidar qué tipo de protocolo de actuación había que aplicar. Había dos candidaturas entre las que elegir. Salud o seguridad. Cualquiera de las dos, muy graves. Galgos o podencos. O está en peligro la salud pública (estaban sin mascarilla) o estaba en peligro la seguridad (nave abandonada).

Pues entre unas cosas y otras, los juerguistas, a lo suyo, y los mirones, a lo suyo también. Hasta que se les acabaron las provisiones de lo que fuese que tuvieran y empezaron a salir. Eso sí, montando algún numerito de pobres ciudadanos oprimidos por el sistema, ya que la tele estaba grabando.

Este es hoy el gobierno de Cataluña. Puro postureo independentista. Así que el pobre hombre representante de la hostelería local cerrada por la pandemia cuando le pusieron un micrófono no daba crédito a lo que estaba pasando. El iluso hablaba de agravio comparativo.