Plaza Mayor

Leticia Ortiz


Se me olvidó que te olvidé

19/02/2021

Los expertos lo llaman «fatiga pandémica». Y la verdad es que suena mucho más académico -y apropiado para columnas serias- que como lo han bautizado alguna de mis amigas: «Estar hasta el papo (pongan aquí cualquier sinónimo callejero de esa parte del cuerpo que están pensando)». Dicen, los expertos, no mis amigas que también pero a su manera, que es un estado psicológico de ansiedad, tristeza, desánimo, apatía y desesperanza ante el futuro. Y que lo sufre, o sufrimos, el 60 por ciento de la población europea desde que hace ya más de un año un chino decidió que el murciélago en la sopa le parecía apetecible. Pocos jamones exportamos, se conoce. 
Como herramienta personal para superar esta insólita situación, a veces, reconozco que me evado de la realidad, o más concretamente, me olvido del coronavirus. Son esos ratos en los que, por lo que sea, la vida se parece a aquella vieja normalidad que tanto se añora. Un paseo por el campo, un buen libro, un rato de risas con los amigos (en el número legal y con la mascarilla como complemento indispensable, o de manera virtual), una conversación de toros para arreglar el mundo... Momentos sin COVID. 
Pero el calendario es el que es. Y como una bofetada, sin necesidad de escuchar los informativos, te recuerda que ya nada es normal. Que no estás en Ciudad Rodrigo o en Cádiz celebrando el carnaval. Que no arrancas temporada pasando frío en Valdemorillo. Que no tienes hecha la reserva para Olivenza, la primera feria de toros y fiesta del año. Que no estás celebrando tu cumpleaños en el Almonte. Que la Cuaresma recién iniciada no acabará con los pasos en la calle y las saetas en el aire... Y ahí, como canta El Cigala acompañado de Bebo Valdés al piano, se me olvidó que te olvidé, maldito virus. Y regresa tenebrosa la fatiga pandémica. Lo del papo, que dicen mis amigas.



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