Libre de marca

Samuel Gil Quintana


Gracias, capitano

30/06/2020

No recuerdo exactamente cuántos minutos pasaban de las ocho de la tarde. Pero eran, desde luego, insuficientes para empaparse de aquel final feliz. Hubiésemos necesitado toda una vida para procesar una temporada tan agónica.
Pongamos que eran las ocho y media, aunque la hora no importa demasiado en esta historia. Tampoco en aquel momento. El Burgos acababa de ganarle en El Plantío al filial del Celta: salvación por la mínima y con mucho sufrimiento, como todo en aquella campaña. En la sala de prensa, el entonces técnico del Burgos, Fernando Estévez, enviaba, entre lágrimas, un recuerdo a su padre, recientemente fallecido, y a sus tres hijos. Antes, frente a los mismos micrófonos, o adestrador vigués Rubén Albés, algo resignado.

Pongamos que eran las ocho y media de la tarde cuando el burgalés Andrés González apareció por la puerta. La rueda de prensa del ya excapitán blanquinegro –qué raro ha sido escribirlo– fue un canto al burgalesismo. Durante los 10 minutos que duró su comparecencia, Andrés admitió responsabilidades, agradeció y pidió, a través de un relato sincero, que la ciudadanía de Burgos se volcase definitivamente con su equipo de fútbol. 

Yo estaba sentado en la última fila, cerca de la salida. Cuando acabó, quise marcharme. Pero una voz me llamó desde el estrado: «¡Samu!». Quizá porque me había visto echando gasolina durante alguno de los 19 viajes que hice para narrar los partidos del Burgos por la radio, Andrés se acercó y me regaló un abrazo.

Llegando a estas últimas líneas, mientras tecleo todo lo que te voy a echar de menos, quiero confesarte, Andrew, que esta es la columna número 50 que firmo en este periódico. Y, qué quieres que te diga, capitano. Me alegro de haberte dedicado una cifra tan redonda. Gracias por tanto.



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