Una de las consecuencias que ha tenido la sucesión de acontecimientos de los últimos meses ha sido la división cada vez mayor entre los que hemos entrado de cabeza en la hiperconexión y quienes se han quedado fuera de ese mundo de relaciones y trámites sin contacto físico al que nos hemos visto abocados. No solamente me refiero a los habitantes de numerosos pueblos de la provincia obligados a subirse al campanario de la iglesia para hacer una llamada de móvil, a usar Internet con pedales y a ver la televisión casi como en los tiempos en los que solo había primera y segunda cadena. Y eso que los políticos no se cansan de lanzarnos titulares sobre cuándo habrá conectividad en todos los rincones de la provincia. El último, el flamante presidente en funciones de la Diputación, que se marca 3 años para conseguirlo. Quién sabe, a lo mejor esta es la buena.
Pero no hace falta irse a un recóndito valle. Con el 4G a tope también se producen situaciones de desconexión. Por ausencia de posibilidades económicas, por falta de formación tecnológica o por las dos razones juntas. Y es ahí donde nos estamos dejando a gente por el camino. Personas que encuentran una barrera en cualquier trámite ante una administración. Familias cuyos hijos tienen que hacer tareas por turnos. Algunas entidades sociales no dan abasto prestando ayuda para sacar adelante desde simples certificados hasta solicitudes del ingreso mínimo vital. La brecha digital está aquí al lado y está afectando a quienes tienen menos posibilidades y como en tantas otras cosas, a nuestros mayores. 
Aplicar la tecnología a todo lo que nos rodea debería conllevar un compromiso: que nadie se quede fuera de esos avances. Porque ahora, cuando hablamos constantemente de lo que pasa en las redes sociales como si todos las usaran o cuando se exige que todo el mundo sin distinción pida una cita online para una administración, a muchos les pasa como a los de Burgos en verano, cuando algún periodista de Madrid decide abrir su informativo asegurando que las altas temperaturas no dejan dormir: sienten que la cosa no va con ellos.