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Jesús de la Gándara

La columnita

Jesús de la Gándara


La lluvia

19/09/2022

Llegó septiembre, que es un mes en el que la nostalgia se mezcla con la melancolía y se forman nubes que preñan los cielos y rompen en aguas. Mas este año no, esto es solo poesía. Los cielos se resisten a empaparse y a lo sumo llueven lágrimas secas de ojos sedientos. Lo que sí llueve sobre mojado -nunca tan atinada la metáfora- son los problemas y las catástrofes. Los coletazos de la era covid -que ya escribimos con minúsculas- son la crisis, la guerra, la penuria y la sequía. El virus no tiene la culpa, es la vida, pero el virus es un símbolo que muestra las evidencias peligrosas de esta vida, y, o entendemos el mensaje y aprendemos, o lo olvidamos y repetimos. Todas las grandes pandemias tuvieron grandes consecuencias sobre la vida humana mientras duraron: enfermedad, muerte, desolación, guerras. Y cuando cesaron todas dejaron rastro en la memoria colectiva, mitos y leyendas, literatura y arte, todas implicaron cambios en la economía, la política y la organización social. Desde la peste que asoló a los aqueos en Troya, hasta la de Argel que despobló la ciudad, con grandes glosadores como Homero o Camus o sin ellos, todas fueron seguidas de grandes cambios que a corto plazo asustaron pero a la larga fueron beneficiosos. Las claves para ello siempre han sido las mismas: recordar y aprender. Y ese es el riego que se corre ahora, olvidar demasiado pronto, aprender demasiado poco, carecer de grandes cronistas y grandes relatos que nos ayuden a mantenerlo en la memoria colectiva.

La covid no ha sido la más mortífera de las pandemias, pero sí la más global de la historia, pero aún necesitamos literatos para glosarla y filósofos para analizarla, para así poder integrarla en la cultura colectiva. La covid ha demostrado la fragilidad de esta veloz y superficial vida moderna, la vulnerabilidad de la salud, la inestabilidad de la economía, la inseguridad de la política, y la importancia de la ciencia para proteger la vida y de la cultura para amenizarla. Algunos tenemos la obligación de decirlo y escribirlo, y todos de escucharlo y aprenderlo, para así poder desarrollar un estilo de vida más comprometido y constante con la preservación de la vida, una nueva humanidad más valiente, para un nuevo mundo más sano, más justo y más feliz.