Ser o Tener

Esther Alonso


En el centro del pecho

16/12/2020

Mi padre está enterrado en un pequeño pueblo de Castilla. En su lápida, desgastada por la lluvia y el viento, el sol y las heladas de cerca de treinta eneros, hay una inscripción que reza que es allí donde se encuentra mi patria. 
En el cementerio de Padilla de Arriba descansan más almas que las que habitan el municipio, un pueblo de cielos estrellados y rubios campos, inspiración imaginaria de poemas de Machado o de alguna escena de caza de Delibes. 
Ahora que todo el mundo se ha puesto a hablar de la patria, debo decir que la mía no está en Madrid. Ni en Barcelona. Sino en la pequeña ciudad de Burgos, en el pequeño pueblo de Padilla y la pequeña parcela en la que descansan los restos de mi padre. Madrid no significa nada para mí. Ni tampoco Barcelona, ni ninguna de las grandes urbes que década tras década se han alimentado con los plátanos de otras latitudes, hasta convertirse en idénticos kingkones... De hecho, creo que si en Madrid en vez de castellano se hablara madrileño, apenas nada nos permitiría distinguir una de otra.
Aunque no con mucho éxito, la Comisión Europea aprobó en 2008 su Small business act, que pretendía seguir la estrategia pensar primero en lo pequeño, para minimizar los obstáculos que impedían el desarrollo de las pymes. Entonces olvidó que la gran parte del tejido productivo pyme europeo se encontraba en pequeñas y medianas localidades, y el fracaso de aquella iniciativa por parte de los gobiernos autonómicos y diputaciones provinciales significó un tiro en el pie de los pequeños territorios.
Prefiero creer que más por incompetencia que por desidia (esto último sería todavía más cruel) los sucesivos gobiernos de Castilla y León no han sido capaces de evitar que la mayor parte de nuestro territorio se convierta en un erial. Los Fondos Europeos para la Reconstrucción son la última oportunidad para revertir el injusto trato recibido por las pequeñas ciudades y pueblos. Dejar pasar la ocasión para atraer empresas, servicios y población a estas zonas deprimidas, vaciadas, abandonadas…, y descongestionar de paso con ello las insostenibles grandes ciudades, supondría no sólo herirse en el otro pie, sino en el centro del pecho, justo a donde a tantos les duele la patria.  



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