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María Vélez

Plaza Mayor

María Vélez


Lo que vemos, lo que ven

15/10/2021

El mundo audiovisual atrapa al común de los mortales, también al público infantil. Un menor y una pantalla es conexión pura. Da igual qué contenido haya al otro lado. Si es su serie preferida, está dentro. También se queda absorto ante cualquier fotograma, sea una noticia, deporte o humor. Zapear puede ser una osadía cuando estás rodeada de niños, pese a hacerlo en franjas horarias aptas para su edad. La realidad es que directa o indirectamente ven lo que vemos y de alguna manera se normaliza, lo que implica que con frecuencia perciban más de lo que deben.


¿Cuándo un contenido es adecuado o inadecuado? Las herramientas de control parental son útiles -aunque suceda no pocas veces que la edad recomendada ante la misma película sea diferente en una cadena abierta que en plataformas de vídeo bajo demanda- pero insuficientes;cada contenido es único, a pesar de la calificación que tenga, y cada espectador, también. Resulta obvio afirmar que el primer filtro empieza en casa, más allá de la edad destinada para un contenido, pero la realidad demuestra que hace falta acompañar más al menor en lo que consume. Detrás de videojuegos o series con una estética en absoluto agresiva a los ojos de cualquiera puede haber una temática que sí lo es. Sin verlo en primera persona, difícil pensarlo. 


La ficción, ficción es. Pero salta a la vida real, no siempre para mal. Cualquier niño imagina una aventura pareja a sus dibujos animados favoritos. La cuestión es cómo lo interioriza cada uno. Estos días es noticia cómo la exitosa y revolucionaria serie de Netflix El juego del calamar empieza a colarse en patios de colegios pese a ser para mayores de 16 años. Nuestro mundo es de pantallas, nuestros menores, privilegiados nativos digitales y los padres, actores principales a la hora de entender conductas individuales y generar valores.