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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Decíamos ayer

16/09/2021

El curso parlamentario con su expresión más mediática, las sesiones de control al Ejecutivo, ha comenzado como terminó el anterior periodo de sesiones, con un alto grado de crispación, muchas admoniciones y nulas posibilidades de acuerdo entre el Gobierno y una oposición que pinta un paisaje apocalíptico de ruina económica y destrucción de la unidad nacional.  

Esa estrategia le ha dado alas al partido de la oposición, según las encuestas, ante las dificultades del Gobierno para afrontar los problemas que él mismo genera por las discrepancias internas dentro de la coalición, y la gestión de los sobrevenidos en los dos años de legislatura, la pandemia y el precio de la energía. En su intento de desprestigiar al Gobierno y de señalar a su presidente, Pedro Sánchez, como el principal problema del país, Pablo Casado ha utilizado, por decirlo suavemente, algunos datos incorrectos y algunos juicios de valor desmentidos por la realidad y lastrados por sus propias intervenciones –y votaciones- en Europa.   

En la enumeración de los cuatro objetivos fracasados que ha cosechado Sánchez en el ejercicio del gobierno, Casado ha inflado la cifra de parados actuales –más de cinco millones- cuando en los peores momentos del gobierno de Rajoy en la anterior crisis se superaron los seis millones; ha incidido en que apenas se han gastado los fondos europeo, cuando también incumbe a las comunidades autónomas; ha culpado al Ejecutivo de que no se renueve el CGPJ, cuando quien impide su renovación con arreglo a la ley y la Constitución es el propio PP, y ha incidido en los temores sobre el diálogo en Cataluña, a pesar de las reiteradas declaraciones de Sánchez de que no se saldrá un ápice de los márgenes de la Constitución.  

Según Casado, el Gobierno ha electrocutado el escudo social con la subida de la luz y considera confiscatorias las medidas aprobadas para rebajar su impacto en la factura de todos los consumidores. Dado el clima social tan sensible con respecto al precio de la energía, Casado debe cuidar dónde se posiciona, porque en este momento las compañías eléctricas no se encuentran entre los principales aprecios de los ciudadanos dados sus beneficios caídos del cielo y por sus amenazas de cortar la producción de energía eléctrica.  

El líder del PP ha acusado al Gobierno de apropiarse del éxito del proceso de vacunación –cuando había vaticinado su desastre- sin mencionar que se trata de un logro compartido, y se ha olvidado de apreciar que España ha recuperado un cierto peso internacional, reconocido desde las principales instancias europeas por el desempeño en la retirada de Afganistán. Ambos asuntos se los ha recordado Pedro Sánchez junto al feo detalle de que Casado hable mal de su país en foros internacionales, como hizo en la despedida de Angela Merkel.   

La coalición entre PSOE y Unidas Podemos le sirve a Pablo Casado para calificar al Gobierno como el más radical de Europa y de la historia de la democracia española, por tratarse de un gobierno nítidamente de izquierdas. Sin embargo, Casado debe tener cuidado no vaya a ocurrir que, de ganar en las próximas generales, el suyo siga la senda de la misma radicalidad pero por la derecha, por su dependencia de un partido de ultraderecha al que en otros países cortarían el paso. Algunas votaciones de los europarlamentarios del PP dan síntomas de esa radicalización.