Sin entrar en detalles

Rosalía Santaolalla


Toque de queda

22/10/2020

Era cuestión de tomar la decisión: tan fácil y tan difícil. Después de décadas cargándonos poco a poco un bien patrimonial que lleva unos siete siglos en la ciudad, el tráfico no puede pasar ya por el arco mudéjar de San Martín. De forma inexplicable, no se había protegido hasta ahora de forma efectiva de la contaminación o de los roces de los vehículos, así que tenemos una de las puertas de la ciudad, que se dice pronto, mellada como un frontón después de una pelea a pedradas entre los quintos de dos pueblos. Después de muchos avisos de expertos, fueron los concejales de Podemos los que amenazaron con sacar los colores al Ayuntamiento en el Procurador del Común. Por esto o por lo que fuera, por fin se ha hecho algo. 
Nos ha quedado una metáfora estupenda, porque -casualidad o no- el cierre al tráfico de esta puerta de paso al casco histórico coincide en el tiempo con el confinamiento perimetral de la ciudad. También después de meses de avisos. Meses de hacer el bobo (déjenme que generalice) y dejar a otros que lo hagan. El virus ha vuelto a manejar nuestras vidas. En realidad no se tomó vacaciones. Y ahora toma las riendas de nuestra sanidad, nuestras rutinas, nuestro ocio, nuestras amistades y claro, de nuestra economía. 
Cierto es que no tiene mucho sentido que uno se pueda desplazar a la capital desde un pueblo a 5 kilómetros para acudir a su puesto de trabajo pero no para hacer la compra semanal. Un abuelo no puede ir a ver a sus nietos en, un suponer, Quintanadueñas, pero éstos pueden ir a comer a su casa al salir de su instituto en Burgos. Normas que hay que pulir, supongo. Si no lo hacen las administraciones lo harán los tribunales. En lo que no sé si puede ayudar un decreto es en dotar de sentido de la realidad a los que aún se la juegan con este tema: es cuestión de decisiones individuales. Ayer el alcalde apostaba por medidas contundentes, como el toque de queda, si así se frenan los contagios. Queda un mes y medio para Navidad. Falta saber quién puede tomar la decisión.