DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


La niña en la playa

26/03/2021

Estamos acostumbrados a convivir con las imágenes desgarradoras de la inmigración. Supervivientes de pateras o la muerte de quienes no alcanzan la otra orilla, conforman el reiterado paisaje virtual que nos acompaña como flases de telediario sin que tengamos una respuesta a tanto drama ajeno. Ni siquiera la niña de 24 meses tendida en una playa de Gran Canaria ha merecido mayor atención. La compasión y a la vez un sentido acaso equivocado de defensa gremial, tribal, compiten en nuestras conciencias. Apenas sirven las reflexiones de quienes aportan mayor lucidez y conocimientos, aunque queda la esperanza de que sus palabras no caigan siempre en mentes yermas.
A esa tarea de sembrador de la comprensión, la solidaridad y el conocimiento, dedica su vida Tomás Calvo Buezas, catedrático de Antropología y fundador del Centro de Estudios sobre Migraciones y Racismo de la Complutense y durante seis años representante de España en la Comisión de la Lucha contra el Racismo del Consejo de Europa. Nacido en Tornavacas (Cáceres), ha convivido en ambos territorios del problema y, en consecuencia, su visión supera el aspecto más teórico y se adentra en las entrañas humanas.
Las motivaciones de la globalización y el conocimiento de los enormes desequilibrios económicos son factores que explican el fenómeno. «Hay 225 familias que acaparan lo equivalente a más de la tercera parte de la riqueza todo el mundo y hay tres individuos que tienen más que 56 países juntos. El 80% de los recursos de la tierra los disfrutan el 20% de la población. Hay 250 millones de migrantes, 53 de ellos son refugiados políticos». Son cifras que no ocultan otra realidad, intrínseca a la sociedad y al ser humano: «La historia de la Humanidad -añade Calvo Buezas- es la historia de las migraciones humanas. La comunicación con los diferentes es esencial para la evolución de la cultura y la supervivencia humana».
La comprensión de ambas realidades, incluso allí donde quede excluida la solidaridad, debería constituir antídoto contra el racismo y la xenofobia. Calvo Buezas ve en la educación, en la escuela, la superación del drama y concluye rotundo: «Los racistas son pocos, aunque muy peligrosos; los solidarios somos más».



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