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Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Vivat Academia

20/09/2021

Por mucho que algunos no hayan oído hablar en su vida de El diablo cojuelo, o tengan noticias más bien confusas de Rojo y negro y de Historia de dos ciudades, cualquier habitante del planeta conoce sobradamente el Libro Guinness de los Récords, publicación consagrada desde hace decenios a levantar acta de las plusmarcas más estrafalarias que se baten a toda hora del uno al otro confín del mundo. A los nombres de Kevin Shelley, entusiasta vecino de Wisconsin capaz de quebrar 46 tapas de inodoro con la cabeza en apenas un minuto, y del ciudadano chino The Huy Giang, que logró completar 148 vueltas aferrado a un taladro eléctrico suspendido del techo en el mismo lapso de tiempo, bien podrían unirse, en la edición correspondiente a 2021, los de los 25.000 estudiantes congregados el viernes en la Ciudad Universitaria de Madrid para celebrar un botellón que a uno se le figura el más tumultuoso de los que se hayan registrado sobre la superficie terrestre en los últimos tiempos.
Viene ya de antiguo la inclinación juvenil a reunirse para consumir mixturas alcohólicas en espacios públicos, y el comienzo de curso constituye una ocasión tan fausta como otra cualquiera para festejar el reencuentro con quienes se comparte el aprendizaje del conocimiento científico y el ejercicio de una ciudadanía crítica. Pero no deja de sorprender esa necesidad gregaria de buscar el abrigo de miles de congéneres con el solo propósito de embriagarse, lo que necesariamente activa la alarma del vecindario y la movilización de los cuerpos policiales. También en Burgos padecemos de esos dolores, pero al menos la muchachada no se concentra en los espacios universitarios, en teoría reservados a formar y dignificar al ser humano en lo superior y para lo superior, y suele agruparse en corros menos nutridos (¡ah, la sangría demográfica!) y buscar el amparo de parajes más discretos, como los del parque del Castillo, para llevar a término sus francachelas. Siempre les quedará el recurso, cuando la Policía Local los sorprenda entre la fronda sin mascarillas que valgan, con el equilibrio lastimado y agavillados a cientos en torno a unas garrafas de plástico, de aducir que se han extraviado.