Adrián del Campo


Los males pasajeros

07/10/2020

Marzo fue duro. De la noche a la mañana encerrado entre cuatro paredes, solo, solamente con las ventanas de internet; alejado de tu familia y de cualquiera, porque  no había nadie más a tu lado. Mientras, quizá porque todavía eras un iluso, discutías horas y horas a través del teléfono móvil defendiendo al partido político que más te representaba, inmolabas tu tiempo por hacer ver a otros, a aquellos lejanos pero que cada vez necesitabas más, que tus políticos hacían lo que podían o lo que debían. 
Por fin llegó junio y con él, el verano, y con el verano una libertad relativa y agradecida, ya podías ver a los tuyos en persona, eso sí, siempre respetando distancias, con el miedo a una pandemia que pensabas que unidos podríamos superar, que si las cosas se hacían bien, íbamos a poder disfrutar de una vida a medio gas, pero una vida al fin y al cabo. Con el paso de los días, veías como la gente se relajaba y te dabas cuenta de que otros muchos nunca estuvieron alerta, nunca renunciaron ni a medio gramo de su vida, porque su vida vale mucho. En ese momento te vuelves a conectar a la televisión y te das de bruces con la realidad. Unos y otros, la mayoría, están utilizando la crisis sanitaria para hacer política barata, para derribar al rival del otro color. A la vez aprendes que no merece la pena criticar a nadie porque no cumpla las normas. Toca volver a lo de siempre: a vivir tu vida y a no juzgar la de los demás, cada uno tiene sus condicionantes. 
De repente, parece que estamos en marzo de nuevo, otra vez la incertidumbre, la amenaza de estar solos entre cuatro paredes, los males pasajeros de Love of Lesbian regresan y te preguntas qué han estado haciendo tus políticos. Solo te queda pensar en lo que te ha regalado este verano y empiezas a entender esa nueva canción de Sidonie, «ya suenan los tambores».