Plaza Mayor

Leticia Ortiz


Brindis por ellos

31/12/2020

Ahí se presentó ella con su ropa de domingo. Y su pelo perfectamente peinado que, me jugaría un euro, olía a laca Nelly, que es a lo que huele el pelo de las abuelas en las fiestas de guardar. Con la mascarilla no veíamos la sonrisa, pero seguro que estaba en unos labios pintados, aunque fuese con un ligero brillo. Porque en los días especiales «no se puede salir de casa sin pendientes y sin los morros pintaos». Palabra de abuela. No le dio ni un ápice de importancia a la decena de cámaras que se situaron frente a ella. Simplemente llegó, con la elegancia de la gente sencilla, se sentó y se persignó, como han hecho en el pasado millones de madres y abuelas al cruzar el umbral de la puerta de casa o al sentarse en un coche para arrancar un viaje. Y luego, cuando la esperanza de todo un país corría ya por sus casi centenarias venas, dio gracias a Dios. Y así, Araceli, la primera vacunada de España, fue un poco la abuela de todos.
Bueno, de todos no. No faltaron a su cita con la imbecilidad aquellos que, faltos de cariño, usan las redes sociales para vomitar su odio. Que lo de persignarse, ¿para qué? Que las gracias a la ciencia y no a Dios. Resulta que a una señora que ha pasado una Guerra Civil, una Guerra Mundial, una posguerra, una dictadura, una pandemia y los miles de sinsabores que se pueden acumular durante 96 años le puede venir ahora un listo a decirle lo que tiene que hacer y en quién se tiene que acordar. Decía el eslogan promocional del Gobierno que de la pandemia íbamos a salir mejores. El que es bobo de solemnidad saldrá bobo de solemnidad. 
Araceli es la imagen de la esperanza. Y por ella va mi brindis de Fin de Año. Porque ella también es el recuerdo de tantos abuelos que no conocerán 2021 porque se quedaron en el camino. O de los que pasarán las fiestas sin sus seres queridos. O de los que, con más suerte, podrán estar en la mesa con los suyos. Ellos, todos, se merecen este último recuerdo de 2020. ¡Feliz (y esperanzador) Año Nuevo!