Plaza Mayor

Rebeca E. Casado


Tambores de guerra

02/10/2020

La violencia contra las mujeres puede manifestarse de numerosas maneras. No es necesario ejercer la fuerza para someternos a una situación comprometida e incómoda. Las miradas insistentes y lascivas, el hostigamiento y la persecución y el contacto físico no deseado son otras formas de violencia machista. Sé de lo que hablo porque recientemente me he visto en una coyuntura de este tipo. 

El fulano en cuestión, un tipo alto y corpulento, oculto tras unas gafas de sol, una gorra y su mascarilla, se dedicó de manera descarada y reiterada a inspeccionarme de arriba a abajo mientras esperábamos en el semáforo de la confluencia entre la calle Vitoria y la avenida de la Constitución Española. Me percaté y en cuanto pude crucé para seguir mi camino con destino a las piscinas de El Plantío. Consciente de que emulaba mis pasos, intenté un par de técnicas de distracción para autoconvencerme de que eran imaginaciones mías. 

Después de jugar al ratón y al gato por varias calles, conseguí arribar a mi meta. La sorpresa vino a la salida. De camino a casa y ya por la zona de Gamonal volví a encontrármelo de frente. Pude haber cruzado pero decidí, en un notable estado de agitación, mantenerme en la misma acera, apartarme al máximo de él y contener la respiración. En esos segundos, su trayectoria se desvió claramente hacia la mía, hasta casi cerrarme el paso y aprovechar una vez emparejados, un intento de contacto físico. A plena luz del día. Se creen invencibles.

Airada, impotente, nerviosa y con una clara sensación de vulnerabilidad regresé a casa. Así que lo siento si la próxima vez que salgamos a reivindicar nuestro empoderamiento e igualdad no comparta ese ambiente festivo. Menos batucadas y más tambores de guerra.