TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Corresponsal, angustiado, en Madrid

18/09/2020

Cuando ambos trabajábamos en el desaparecido diario vespertino Informaciones, Juan Luis Cebrián, entonces subdirector del vetusto y entonces prestigioso rotativo, escribía una columna titulada Corresponsal en Madrid. Allí narraba las aventuras de la política de un franquismo que ya se apagaba, lo que iba ocurriendo en las Cortes de los procuradores, en el Consejo de Ministros que dictaba las últimas sentencias de muerte. Y la sociología de la ciudad. No había otra vida política y solamente con guiños muy cómplices se podía hablar de la ilegal oposición. Hoy, actuar de corresponsal en este Madrid, al borde del confinamiento parcial, es mucho más difícil que entonces, aunque uno siga intentándolo. Demasiados escenarios para una narración temo que en todos ellos pesimista. Los escenarios de las últimas horas, por ejemplo.

El miércoles fue un día absolutamente loco en mi Comunidad. Un viceconsejero de Salud anunciaba el inminente cierre de los distritos y pueblos más contaminados por los rebrotes, la presidente lo desmentía, el consejero de Justicia volvía a sugerirlo y las cifras de infectados y hasta de muertos iban por barrios: de nuevo el norte y el sur, este más deprimido y más lazareto. El Madrid de los Austrias sigue semi desierto, con muchos bares y restaurantes, así como casi todos los hoteles, cerrados. Los coches no saben si pueden o no circular por ese Madrid central trazado por la ex alcaldesa Carmena y suspendido por una orden judicial. Los ciudadanos casi ignoran si pueden fumar o no por las calles, por lo mismo: una fulminante decisión de un juez levantando una prohibición de la presidenta de la CAM.

Las UCIS, nos decían los responsables de los hospitales, están empezando a colapsarse, y es probable que vuelva a levantarse el hospital de campaña de Ifema. En la primera quincena de septiembre murió casi un treinta por ciento más de gente que en la misma época de otros años. Algunos, especialmente alarmistas, empezaban a especular en voz baja con una recuperación de la morgue en el palacio de hielo. Terrible, asfixiante, ambiente, y no crea usted que este corresponsal exagera. Ni un pelo.

Inconcebible para cualquiera, en este Wuhan lleno de mascarillas y miedo, donde las gentes tratan de escapar de zonas como Vallecas antes de que los encierren --quizá a un millón, dicen--, que el Gobierno central se limite a culpar a la gestión de la rival política Isabel Díaz Ayuso, que bien, lo que se dice bien, no es que lo esté haciendo, la verdad. Creo que tampoco el Ejecutivo nacional se está luciendo y resulta difícil de creer que, con este panorama, se intente más echar una mano política al cuello de Ayuso y, si se puede, a los otros dos de las tres A (Aguado, Almeida), que son del otro bando, que lanzar un cabo salvavidas a la Comunidad que alberga a la capital de España y donde más de seis millones de personas se sienten como rehenes.

No, no hay ni normalidad ni nueva normalidad, sino absoluta anormalidad, en esta Comunidad tan sacudida en el pasado por escándalos y corruptelas que no solo, aunque sí principalmente, afectaban al partido que ejercía la presidencia de la Comunidad: un par de ellos pasaron por la cárcel y otros. Hoy, el corresponsal en Madrid tiene que constatar la tensión en la zona de los tribunales, las Salesas, donde se estudiará y aprobará la inhabilitación de Torra (tampoco se le puede echar toda la culpa, aunque sí bastante, de la extensión de pandemia). Y la agitación en el Parlamento, manifestódromo de policías, médicos y alcaldes. Y en cuyo interior se produce una increíble doble negociación de los Presupuestos desde el Gobierno, con la extravagante imagen del vicepresidente segundo riendo --se supone: todos iban con mascarillas para la foto-- con los representantes de Bildu, mientras la vicepresidenta primera, teóricamente su jefa, trataba el mismo --¿seguro que es el mismo?-- tema con otros.

El viaje del corresponsal, que si va de freelance no puede asistir presencialmente ni a las sesiones de Cortes ni a los Consejos de Ministros, incluiría hasta La Zarzuela, donde vaya usted a saber cómo andan los ánimos, aunque una muestra del 'nuevo desmadre' ya reside en el hecho de que la propia heredera del Trono se halle confinada porque en su colegio hubo contagios.

No, no le basta con una crónica al corresponsal para describir someramente lo que ocurre en este Madrid sitiado, donde las tiendas de souvenirs y los quioscos de prensa se arruinan sin remedio, como si fueran bares de copas: son varios miles, sin especificar, las empresas que han cerrado, quizá para siempre. Ignoro cuánto tiempo podrá mantenerse esta situación, solo vivida en paralelo en el caos de una Barcelona inserta en el caos de Cataluña, enmarcada por el caos que empieza a vivir la nación. Pongamos que hablo de Madrid, pero no solo, desde luego.

 



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