TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El clima

10/01/2021

Hubo que escucharle, algo así como: «Nanocientos' millones de presupuesto, 256 jugadores y todo su séquito, nosecuántas pistas en el «All England Lawn Tennis and Croquet Club» (que ya hay que ser pijo y recalcitrante para mantenerle un nombre así), vente millones de euros en premios, fresas y natita y sombrerete, todos de blanco impoluto… Pero caen cuatro gotas y todo a la mierda». Tenía entradas para un día, el único día que podía irse a 'La Catedral' a degustar un poquito de tenis y un trocito de historia (con nata o sin ella). Y de ahí su enfado y su resignada frustración, pero a nadie escapaba, de aquel relato, la tremenda fragilidad de un inmenso monstruo como Wimbledon, capaz de venirse abajo momentáneamente en el 'choque' de dos nubes.

El clima, por si no se habían fijado, lo condiciona todo. Ahora mismo mira usted por la ventana y, ¿qué ve? ¿A qué se puede jugar ahí afuera? ¿Qué deportes podrían practicarse?

La memoria nos lleva a partidos de fútbol disputados bajo una lluvia torrencial o una nevada intensa, con charcos en los que el balón lo mismo se queda muerto que bota y sale disparado como una bala, con placas de hielo en la banda 'de la sombra' y enormes montones de nieve en la banda. Duelos en los que los jugadores se miran entre sí (¿Qué estamos haciendo, hermano?) y luego miran al árbitro (Venga, tíos, por favor: que a mí me presionan para que esto se juegue y ya estamos en el minuto 65) y entre todos tiran adelante porque ya han olvidado que el riesgo de lesión, de patadas bruscas o estamparte como un sello contra la valla ha aumentado hasta el límite de lo tolerable.

En ocasiones, cuatro gotas valen para evitar que Federer o Nadal se 'despatarren' y tengamos un disgusto: son ellos quienes generan el espectáculo y así se les protege. Mirar al cielo y ver si la pelota bota «lo justo» es insuficiente: el balón no se lesiona.



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