LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


La vida de Pi

31/07/2020

No entiendo cómo es posible que algunos expertos no hayan descubierto antes la fuerza del poder chino. Las dimensiones del país, la ágil transformación de su economía a un mercantilismo salvaje, hacía previsible que el siglo XXI les fuera a otorgar una posición privilegiada. Occidente ha querido creer que un desarrollo económico sólido era el preludio natural de una evolución política. La misma estrategia de contención que se ha aplicado en Rusia.

Si somos sinceros, las democracias tienden a creer que su aversión al uso de la fuerza como instrumento de política exterior es universalmente compartida. Esta idea es falsa y la historia nos ha demostrado en repetidas ocasiones que es un concepto erróneo, pero puede que esta ingenuidad estructural de las democracias sea sana en el fondo.

Sin embargo, los gobiernos no deben descuidar la precaución a la hora de tratar con dictaduras. No solo por principios, sino porque la ausencia de libertad hace que dichos países sean propensos y rápidos en el uso de la coacción o de la fuerza para alcanzar sus objetivos. Alguien que es capaz de reprimir a sus compatriotas, no dudará en ser más contundente con el extranjero.

Nadie quiere reconocer que todos los esfuerzos por modernizar China solo han conseguido reducir la pobreza del país sin obtener nada a cambio. No hay un rayo de esperanza que permita vislumbrar una apertura o relajo del sistema. Los países vecinos observan con pavor su crecimiento militar, mientras que la India empieza a hacerse preguntas. La Rusia de Putin, con su gigantesca frontera, ha optado por una alianza que la condena a la servidumbre; con el tiempo se acercará a Europa porque los intereses son contrarios al chino.

El error conceptual es creer que Xi Jinping es un nacionalista belicoso y que ahora China se va a vengar de todo el mundo. Desgraciadamente todo es más complejo. El Partido Comunista chino es una soberbia maquinaria de empleo con casi 90 millones de miembros. Han visto qué ocurre cuando una dictadura permite la libertad y tienen muy presente lo que le pasó a la antigua Unión Soviética de Gorbachov. Ese caos les consume y el miedo a la pérdida del poder les aterra.

Aceptar la libertad de expresión en Hong Kong era un riesgo que el partido no podía asumir y hará todo lo que sea necesario para evitarlo. Está por ver que nuestros principios posean la misma determinación que ellos en proteger su poder.



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