Punto Nemo

Rodrigo Burgos


Alerta roja

22/09/2020

Una de las cosas que más se echa en falta en estos momentos es poder disfrutar de cultura en directo. El organismo necesita los estímulos cerebrales que provoca un concierto en vivo, un espectáculo en familia o una función teatral. Es una terapia que influye directamente en el estado de ánimo, en el control del estrés, y a la que cuesta mucho renunciar. Cuando dejamos de poder disfrutarlos, con la incertidumbre y el miedo que llegaron inmediatamente después del estado de alarma, no nos dábamos cuenta de estas necesidades, aceptando la buena voluntad de los artistas de acompañar el aislamiento desde sus casas con actuaciones domésticas y sencillas que igualaban sus encierros a los de sus seguidores.

Al levantarse el confinamiento, el panorama cultural se enfrentó a la cruda realidad de limitación de aforos, adaptación de formatos, y cancelaciones de última hora. Aún así, salieron adelante proyectos, reinventados muchas veces por las circunstancias, que demostraron un grado máximo de responsabilidad y seguridad por parte de todos los implicados. Que la cultura es segura, ya ha quedado demostrado. Pero el aumento exponencial de nuevos contagios avanzado el verano, volvió a traer el miedo, que en julio parecía olvidado por todos, y las suspensiones y caídas de eventos terminaron poniendo a los profesionales al borde del abismo.

Con un sector cultural fragmentado y de gran fragilidad estructural, dependiente en muchos casos de la estacionalidad y la temporalidad, la situación es crítica y la reacción del mundo de la cultura de la mano de la administración apremia. Las ayudas y medidas demandadas son imprescindibles, pero solo son un parche, no la solución. Es necesaria la creación de modelos de gestión anti-pandemia basados en conceptos marco que resulten en patrones viables. Esto permitiría adaptar el contenido al negocio con formatos duraderos, sostenibles y seguros.

El espacio que ahora separa la creación del público tiene que cubrirse con ambición, imaginación y audacia. Gestores culturales y políticos, ¡agoten el papel del trabajo en colaboración!, la Cultura lo necesita.