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María Albilla

María Albilla


El ruido que vendrá

04/08/2022

Nada hay más típico en el mes que nos ocupa en lo que a la política se refiere que el silencio. ¿Lo oyen? ¿Lo escuchan? Prácticamente no hay ruido… A estas alturas un par de portavoces de los partidos hacen unas declaraciones en días alternos para que la actualidad no muera y hasta ahí. Pero… ¿les echa de menos? Seguro que no. Y peor todavía es que, encima, durante el resto del año les echará de más.

La desafección por la política -y los políticos- hace mucho que se ha convertido en un verdadero problema del que sus protagonistas no parecen ser conscientes o, simplemente, no lo quieren ser. «A mí es que la política no me interesa». Esta suele ser una frase tristemente habitual en muchas conversaciones y desde hace demasiado tiempo. Y yo me pregunto, ¿de quién te piensas que dependen tus impuestos? ¿Quién te crees que diseña el plan educativo en el que estudian tus hijos? ¿Sabes quién toma la decisión de que el tren pase por tu ciudad o incluso quién cambia la ruta del autobús que pasa por tu calle? ¿Y cuánto va a subir la pensión?

Que sí, que es agosto, que viva el vino y el caloret y todo eso, que el presidente Pedro Sánchez no hace ni una semana que ha cerrado el curso político sin corbata y todo, y yo aquí, dando la matraca... Pero el otoño volverá explosivo y la mirada de todos los partidos estará puesta en las elecciones del año que viene instalados en esta perpetua campaña en la que vivimos. Y es ahí y solo ahí donde usted y yo tendremos voz, pero para eso hay que saber quién está detrás de la papeleta. 

Estamos acostumbrados a pasar de los representantes públicos, a no pedirles cuentas por sus dislates, a desconfiar de ellos y a no entender para qué sirven o cómo funcionan las instituciones. No nos importa que, al más puro estilo Groucho, los políticos tengan unos principios que cambian según la ventolera que les sea favorable. No es normal que no nos paremos a pensar en quién nos gobierna y cómo lo hace. Porque a veces la culpa no es solo suya. Aprovechen el silencio de estas semanas, que ya vendrán a vendernos su moto. Esa que se cae a trozos y que espero que no compremos a cualquier precio.