Plaza Mayor

Maricruz Sánchez


La supuesta hija secreta de Dalí

09/07/2020

No se equivoquen. Por mucho que oficialmente el annus horribilis sea este 2020 por razones tristemente evidentes, todo lo que se daba por supuesto como lógico entró en una espiral sin retorno hacia lo abstracto en 2018. Ese año, concretamente el día 20 de julio, los restos del gran maestro del surrealismo, Salvador Dalí, abandonaron la cripta del Teatro-Museo de Figueras (Gerona). La culpa la tuvo Pilar Abel, que aseguraba ser la hija secreta del artista.

De profesión vidente, la mujer logró que desenterraran al genio para realizar un análisis de ADN que pudiera demostrar sus aseveraciones. Su demanda tenía una base histórica aparentemente sólida, pues su madre, Antonia Martínez, efectivamente trabajó como limpiadora del hogar familiar en el que Dalí pasó sus años de juventud. Según Abel, en ese período, adolescente y criada mantuvieron un affaire fruto del cual habría nacido ella. 

Desde 2017 estuvo la señora difundiendo este relato por doquier, hasta que, ese fatídico y caluroso día de verano de hace casi dos años, la Justicia decretó que procedía exhumar al maestro para obtener un perfil genético. Los expertos del Instituto Nacional de Toxicología, tras cotejarlo con muestras de saliva de la pitonisa, concluyeron que Dalí no era su padre. Y con las mismas, el genio de Figueras volvió a su tumba, y la supuesta hija secreta fue obligada a pagar tanto las costas del proceso judicial como la polémica exhumación.

El sentido del humor del artista catalán era peculiar y retorcido como sus bigotes. Y, de verdad les digo que, en su mente abstracta, bien pudo haberse concebido un plan impredecible como castigo al conjunto de la humanidad por atreverse a perturbar su descanso. Léase esta afirmación, se lo ruego, con ese sentido del humor que menciono. Al final, creo que desenterramos el alma misma de un surrealismo que eclosionó este 2020.

 



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