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Marian Peña

Observando al Mundo

Marian Peña


Un verano de campamento

11/08/2021

El olfato y el gusto son dos sentidos capaces de traer a la memoria, con meridiana claridad, a personas y acontecimientos del pasado. Algo tan sencillo como la leche condensada me traslada de inmediato a los campamentos, en las orillas del Ebro, donde pasé muchos veranos de mi infancia. En mi mochila no faltaba nunca ese dulce, que racionaba gota a gota, y que permanecía bien oculto en la tienda de campaña por temor a las requisas.
La quincena de campamentos era lo más emocionantes del verano. Además de hacer amigos, me dio la oportunidad de conocer a fondo una de las zonas más bonitas de la provincia. Pueblos como Valdelateja u Orbaneja del Castillo, antes de que fuera tomado por las hordas de excursionistas que hoy lo visitan, baños en el Ebro o en las gélidas aguas del Pozo Azul son actividades y lugares que nunca olvidaré. Como para otros lo serán las playas de Comillas o la zona de la Sierra donde, por aquellos años, se organizaban otros campamentos y colonias, muy populares entre los niños de mi generación.
Me consta que hoy en día son muchas las instituciones, empresas y grupos que siguen organizando esta actividad, tan beneficiosa para el enriquecimiento de niños y jóvenes en materias como el contacto con la naturaleza, la relación con los demás y el avance en independencia personal. Con todo, tengo la sensación, quizá equivocada, de que nosotros fuimos privilegiados ya que durante aquellos años gozamos de toda la libertad del mundo, libres de pandemias y de otros temores que asaltan a los progenitores en la actualidad. En cualquier caso, sigue siendo algo altamente recomendable en todas sus versiones, también en la más moderna y urbana que tiene a la ciudad como escenario.
El campamento al que yo acudía tenía su sede en Quintanilla Escalada, un espectacular caserón que, con el auge del turismo rural, podría seguir haciendo las delicias de niños y mayores si el tiempo y la falta de cuidados no hubiesen hecho estragos en él. El verano pasado, de excursión por la zona, no pude resistirme a visitarlo y sufrí una terrible impresión al ver paredes caídas y vegetación inundando un lugar que en mi memoria sigue rebosante de brillo, diversión y vida.