Diez Mil Preguntas

Salvador de Foronda


Al mundo de la hostelería

18/02/2021

El tema de la responsabilidad me inquieta: pasamos por la vida de una persona a otra, de una cosa a otra y de un acontecimiento a otro, creyendo construir una vida coherente y llena de justicia que luego tratan de explicar con esa frase, tan de moda, «ayuda social». Pero a veces, la soledad y dejadez a la que nos ha llevado la vida política hace que el hostelero se replantee su pensamiento político. Sus años detrás de una barra, en contacto con la realidad de la vida, le hace conocedor de que la libertad y el poder conlleva responsabilidad, cuestión que no perciben ahora. Están en la calle manifestándose y percibiendo la soledad política, pero no la del ciudadano.

Los hosteleros no son marionetas, son personas con responsabilidad dentro y fuera del local. ¿Alguno puede pensar que son menos responsables que la empresa Renault?, son igual de responsables. ¿Alguien piensa que no pagan impuestos como la empresa Michelin?, pagan también. ¿Alguien piensa que el bicho está en los bares y en las iglesias y no en el metro ni en los supermercados? Entonces, ¿cuál es la diferencia?, ninguna. Si en vez de servir vinos y cervezas en una barra de bar se sirviesen encima de una urna de votar, como en Cataluña, podrían ir todos los españoles a los bares desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la tarde y además una hora antes quedaría reservado para los contagiados. Todo un lujo para esta España que dirigen los chistosos, los sabios que cuando ven un dibujo en The New York piensan automáticamente que es chistoso, porque es una caricatura. Si lo ve en un museo, piensa que es artístico; y si lo encuentra en una galleta de la suerte, piensa que es una predicción y además añaden el logo de: la España que queremos. Una caricatura es poner la cara de una broma en el cuerpo de una verdad.

La familia hostelera tiene vida, familia, empleados y pagos que hacer, trabajen o no y, aunque se aprueben grandes medidas de ayudas, la falta de ingresos les hará ser incumplidores de algo básico que es estar al día de pagos con todas las administraciones y eso lastrara las ayudas.

Este país debe de asesorarse mejor, para ello deben de cambiar de asesores y percibirán que la diferencia entre uno inteligente y uno tonto radica en que el inteligente se repone fácilmente de sus fracasos, mientras que el tonto jamás logra reponerse de sus éxitos. 



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