Plaza Mayor

Fernando Trespaderne


Bares...un tesoro

03/02/2021

No corren buenos tiempos para la hostelería, ni en las ciudades ni en los pueblos, encontrar un bar abierto cuando uno sale de excursión es casi un milagro. Cada vez es más difícil localizar un local (antes se llamaban teleclub) donde tomarse un café o una caña, en especial en esta época del año en la que escasean los clientes por el éxodo invernal e imagino que también por aquello de que la distancia social invita a no frecuentar las barras y la climatología a no sentarse en las terrazas. 

Tener el bar abierto, como los consultorios médicos que cerraron al comienzo de la pandemia, se ha convertido en una cuestión de supervivencia para los vecinos y para muchos alcaldes, además de en un dolor de cabeza, en una gincana llena de obstáculos para encontrar a una persona dispuesta a llevar la barra... una misión casi imposible, a pesar de que algunos ofrecen sustanciosas recompensas como vivienda gratuita o no cobrar renta... todo lo que sea por tener el bar abierto y a los vecinos contentos.

No es de extrañar que en estas circunstancias los alcaldes estén dispuestos a echar el resto para tener contenta a la ‘clientela’, desde arreglar los bares municipales, conozco dos que los están haciendo estos días (Castrillo Solarana y Rebolledo de la Torre), hasta perseguir a las personas dispuestas a vivir en el pueblo y levantar la persiana todos los días. 

Los bares de pueblo no son negocios, excepto los meses de verano, son centros sociales, como también los consultorios médicos, donde uno se pone al día, socializa y arregla el mundo a la vez que se olvida de los problemas cotidianos, son la válvula de escape para los que aún resisten en el medio rural. El pueblo que tiene un bar tiene un tesoro, como también lo es tener una pequeña tienda de alimentación, y por eso no es descabellado ir pensando en subvenciones para que no bajen la persiana definitivamente.



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