TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Ásperos

10/07/2020

De entrada, para que no haya dudas ni medias tintas ni posibles lecturas entre líneas, un mensaje claro y contundente: lo que está consiguiendo el Getafe en estos dos años es pura magia, y el fútbol modesto debería congratularse de que al menos uno de los suyos esté mordiéndole la tibia a clubes de presupuestos tres, siete o diez veces más grandes que los del cuadro azulón.

Pero no sucede. No hay alegría por el Getafe más allá de Getafe. No la que se supone por pura lógica deportiva: si el pequeño mete ruido, si le tose a los grandes, se improvisan campañas populares de apoyo en favor de (por ejemplo) ese Alavés que llega a una final de la UEFA o ese Mirandés copero, etcétera.

¿Por qué no sucede lo mismo con el Getafe? Porque ha elegido una vía muy áspera para caminar por la Liga, una forma de ser que sólo crea apoyos entre sus adeptos… y además cierta aversión entre sus semejantes. Podríamos pensar que lo sucedido al final del Getafe-Villarreal, una tángana penosa con expulsados, agresiones y un ambiente macarra, chulesco y casi carcelario (con sus ajustes de cuentas y provocaciones a ver quién pica) es un hecho aislado fruto de un calentón puntual. O que Osasuna perdiese mucho tiempo en el Coliseum y Bordalás cargase con fiereza inusitada contra el técnico rojillo por hacer lo que se supone que hacían ellos. O que los jugadores del Valladolid protestaran mucho hace tres jornadas… y Bordalás repitiese carga y acusación («Sin motivos», dijo el técnico). O que los piques con el Valencia son incómodos pero pasajeros. O que Setién es un borde porque no saluda al técnico del Getafe desde una enganchada con el Betis… Pero cuando estás en todas, algo no estás haciendo bien en lo humano, lo extradeportivo, para que lo deportivo funcione. Una táctica lícita pero desagradable.



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