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Alfredo Scalisi

Alfredo Scalisi


Catorce

15/06/2022

Empecé a sentir simpatía por el Real Madrid un año en el que perdió cinco finales, cinco, y las recuerdo todas: fue ante el Athletic, el Barcelona por dos veces, el ¡Aberdeen! y la Real Sociedad. Total, un desastre. Pero había algo en ese equipo que me atraía. Quizá fuera el esfuerzo, el tesón o el orgullo con los que cayeron, vacíos y sin fuerzas, casi en la línea de meta. No hubo excusas, no hubo disculpas, no hubo quejas… Y eso me gustó. 

Precisamente, el entrenador de ese equipo estaba acostumbrado a ganar. Fue él quien trajo, desde su lejana Argentina, la idea de que la victoria era hermana menor de la gloria, y que con trabajo y acierto se podía llegar a lo más alto. Por eso le fichó don Santiago, y don Alfredo no le defraudó. En una España oscura y sin alicientes, 120.000 personas se reunían en el Bernabéu para ver cómo once camisetas blancas marcaban época venciendo una y otra vez a los mejores equipos del mundo. Ya habían llegado a la gloria. Y así se continuó en el campeonato nacional durante muchos años. Pero hubo que esperar al color cuando, en una final de Champions sin demasiadas esperanzas, Mijatovic marcó un gol al infinito y miles de madridistas volvieron a sentir lo mismo que aquellos aficionados de los años 50. El Madrid había vuelto a Europa y ya nunca se marcharía. 

La temporada que los madridistas hemos vivido nunca se borrará de nuestra memoria. Hemos visto cómo Benzema se vestía de Santillana para marcar tremendos goles de cabeza, cómo Rodrygo se ponía el traje de Amancio para firmar dos tantos en los últimos cinco minutos, cómo Courtois superaba a Casillas y sacaba ocasiones imposibles, y Vinicius, precisamente él, era el encargado de golpear el balón y ganar la final con el pie de Di Stéfano, de Gento, de Puskas, de Zoco, de Rincón y de todos los que ya no están entre nosotros e hicieron de este club el mejor del mundo. Ah, y Juanito, con gorra de chulapo, se encarnó en Alaba levantando una silla para hacer visible la felicidad de noches mágicas. Nunca se habían visto remontadas semejantes contra rivales tan poderosos. Nunca, en el fútbol, lo increíble se había hecho tan real. 14. Medio planeta ríe mientras el otro medio rabia.