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Carla Martín

Plaza Mayor

Carla Martín


Saturados

12/07/2021

Si hay algo que nos ha enseñado a medio valorar esta pandemia a los ciudadanos de a pie es la labor de quienes cuidan nuestra salud. Los aplausos que, durante semanas, unimos desde nuestros balcones a las ocho de la tarde sirvieron de aliento a una mayoría que no por ello dejó de reclamar el reconocimiento, o más bien la recompensa, de los suyos, de aquellos que, a pesar de los gritos de auxilio, no concebían que el sacrificio, el cansancio y el miedo extremos no se curan solo con mensajes de ánimo sino con ayuda, descanso, reconocimiento y, por qué no, remuneración.
Hace unos días llegó a mi teléfono un mensaje de whatsapp de un médico de familia desesperado que salía de su consulta tras 11 horas y media de trabajo. En un solo día había atendido a 84 pacientes. 84 personas con nombre, apellido e historial clínico. El día previo la cifra fue algo menor, 66. Ellos, los médicos de familia, al menos los de ese centro de salud, calculan que para que un paciente reciba la atención médica que merece la consulta no puede durar menos de 10 minutos y que su agenda diaria no debe acumular más de 27 nombres. No está mal.
Denuncia este médico de familia y siete de sus compañeros de Los Cubos, donde tres profesionales saturados llegaron a presentar su dimisión, que las agendas recientemente impuestas por la gerencia les obligan a atender a un mínimo de 50 pacientes al día, con una dedicación para cada uno de ellos de entre 1 y 7 minutos. Revela también este valiente que, en muchas ocasiones, trabaja «por la cara», que las horas extra no están remuneradas.
Menudo debate, imagínense tener que elegir entre desatender tu trabajo o renunciar a tu tiempo por él. Y así llevamos ¿cuántos años?