scorecardresearch

No solo de Google Maps vive el que se pierde

B.G.R. / Burgos
-

Los ingenieros informáticos Álvaro Cuesta y Óscar Zorilla contribuyen a desarrollar la herramienta OpenStreetMap introduciendo datos geográficos de la capital y la provincia

Óscar Zorilla (i) y Álvaro Lara con sus dispositivos móviles. - Foto: Patricia

Quien más y quien menos de los que manejan habitualmente internet ha echado un ojo al Google Maps para buscar una dirección, saber el lugar exacto donde se encuentra el número de una determinada calle o salir del paso en esos momentos críticos donde uno no sabe donde está o el destino al que quiere llegar. Pero más allá de la herramienta del gigante tecnológico, existen otras alternativas que van cobrando fuerza entre los usuarios aunque su nombre no resulte tan familiar.

Es el caso de OpenStreetMap, la aplicación que el inglés Steve Coast ideó en 2004 para crear mapas editables siguiendo la filosofía de la conocida Wikipedia, la enciclopedia de internet donde quien quiere puede aportar información o nuevos datos a los ya existentes.    Y al desarrollo de esta alternativa a Google Maps contribuyen directamente dos jóvenes burgaleses a modo de hobby informático.

Álvaro Lara y Óscar Zorilla son responsables, en gran medida, de la presencia de Burgos en OpenStreetMap. El primero se ha ocupado principalmente de la capital, mientras que el segundo se ha centrado en la zona de las Merindades, de donde es oriundo. También se han encargado de introducir las calles de todos los pueblos de la provincia, a falta de incluir la denominación. Pero para completar su trabajo altruista necesitan de la colaboración de otros usuarios, principalmente en  la comarca de Pinares y el entorno de Pradoluengo, que son los más desangelados en esta aplicación.

«Ahora mismo, la información sobre Burgos capital es más completa que la de Google, y ya están todas las carreteras de la provincia», subraya Lara, a lo que Zorilla añade que también se admite la posibilidad de incluir datos más detallados como establecimientos comerciales, restaurantes, parques naturales, jardines o cajeros. No obstante, precisan que los usuarios solo hallarán mapas que se pueden introducir en el GPS o en dispositivos móviles, pero no la fotografía del espacio físico.

Corregir fallos

Para realizar este cometido han empleado varios años de su vida, pero el trabajo no tiene fin, puesto que la información cambia continuamente y se amplía en función de las necesidades. Y ese es precisamente uno de los inconvenientes que subrayan de su ‘competidor’, Google. «Si se detectan fallos no se pueden modificar», explica Lara, que también hace mención a condiciones del gigante tecnológico que en muchos casos resultan desconocidas para sus usuarios. En este punto se refiere, a que su uso es personal, puesto que los mapas tienen copyright, y está prohibida su descarga, además de que no se pueden utilizar sin contar con una conexión a internet.

Los dos ingenieros conocían la herramienta previamente y por eso decidieron contribuir directamente a cubrir las ‘lagunas’ existentes en la provincia de Burgos. En el caso de Zorilla el motivo que le animó a involucrarse tuvo que ver con su afición a la bicicleta y a la búsqueda de mapas, mientras que Lara intentaba sin éxito actualizar el GPS de forma gratuita y encontró en esta wikipedia cartográfica la alternativa perfecta que ha ido completanto por su cuenta.

Calculan que en la capital y la provincia puede haber en torno a 30 colaboradores que van introduciendo y actualizando contenidos, además de aquellos usuarios habituales que pasan por territorio burgalés y aportan también su granito de arena. Sin ir más lejos ponen como ejemplo a un ciudadano de Bilbao que veranea en Briviesca y que ha estado introduciendo caminos de la Bureba.

Lara y Zorilla recuerdan que cada día se pueden encontrar más aplicaciones móviles que utilizan esta herramienta, a través de la cual el ciudadano se puede descargar todo el mapa del mundo, destacando la información de los países europeos. A finales del año pasado contaba con más de un millón de usuarios, que a su vez se han convertido en los primeros vigilantes de que la información vertida sea la correcta.