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Tras el aroma de la genciana

J.J. Martín / Pradoluengo
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Entre Alarcia y Valmala discurre el sendero que toma el nombre de la planta y el río

Una vista de la cascada del arroyo Genciana. - Foto: DB

L a genciana (Gentiana occidentalis) es una planta con más de mil quinientas especies, con flores en forma de trompeta de color azul. Pero además, entre las coquetas villas de Alarcia y Valmala, Genciana es un arroyo de aguas puras y frescas, que da nombre a un maravilloso sendero, a apenas 35 kilómetros de Burgos. La ruta, señalada como un pequeño recorrido, PRC-BU-84, posee el marchamo de calidad que le otorga el discurrir a caballo entre las vertientes de la cuenca del Duero y la depresión del Ebro. Este sendero, parte desde Alarcia, donde se sitúa un panel explicativo que indica la dirección a coger.

La vegetación que nos saldrá al paso es asombrosamente variada. Robles, acebos, pinos y hayas, se distribuyen aleatoriamente, dependiendo de su situación en la solana o la umbría. Miradores naturales, dan vista  a los pueblecitos del Valle de San Vicente; arroyos como el de la Tejera, nos recuerdan antiguas dedicaciones artesanales y tenadas como la de Hizondo, la riqueza agropecuaria de la Demanda. A lo largo del sendero transitaremos por pastizales milenarios ya citados en vetustos tratados de caza, como el Libro de la Montería de Alfonso XI, o detallados en leyendas de gesta, como la sucedida en el cercano Campo de Ferragut, el apodo del gigante sarraceno que atemorizó a los caballeros de los reinos cristianos y que, finalmente, fue derrotado por la espada del brillante Roldán. Porque, si bien la naturaleza nos saldrá al paso en cada rincón del sendero, los ecos de sus susurros arbolados, y nuestras pisadas entre la hojarasca del camino, nos recordarán que venerables generaciones dejaron su huella en iglesias románicas de enorme interés, tanto en Alarcia como en Valmala, construcciones como la ‘fuente del burro’ o, más recientemente, un episodio poco conocido de nuestra historia económica contemporánea, pero de gran potencial industrial: la explotación desde el siglo XIX de minas de hulla, piedra, e incluso, aunque muy, muy poco, oro. ¿Qué mejor plan para una mañana de sábado o domingo y acabar tomando un buen vermut en las tabernas de  estas dos localidades?