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Belén Marticorena

Sobreviviendo en la Jungla

Belén Marticorena


Minoría

11/11/2022

Voy a ser poco correcta, pero es que haber nacido del género femenino -que creo que ahora se dice así- me ofrece grandes ventajas en la vida. Las mujeres hemos pasado a ser las protagonistas y a tener prioridad frente al resto de los mortales. Es fantástico, pero esta subida tan poco racional me temo que a largo plazo nos va a traer muchos problemas, o simplemente el efecto contrario.

Personalmente, me siento bastante incómoda con esta postura de subir puestos o lograr avances laborales no por nuestro trabajo o esfuerzo, sino simple y llanamente por ser una mujer. Con este criterio, hemos podido comprobar cómo gente muy negada, por no decir otra cosa, tiene unas responsabilidades y un poder que no saben utilizar, con terribles y nefastas consecuencias para todos.

Tampoco es justo ni de recibo que ante situaciones iguales, el trato legal y social venga siendo totalmente distinto, dependiendo del género de cada uno. Estamos repitiendo en los demás lo que nos han venido haciendo a las mujeres durante siglos. Lo lamento, esperaba mucho más de nosotras, tal vez, y como nos viene pasando en otras cuestiones, sólo es porque las mujeres que ahora abanderan esta cruzada no son las adecuadas.

Por otro lado, es evidente que si una de las empresas españolas más importantes e internacionales tiene en su alta dirección un 81% de mujeres es porque lo valemos; la empresa privada no es tonta, y evidencia una realidad por la que no hay que matar a nadie por el camino, todo llega. Seguro que se lo han ganado con respeto por todo y por todos, ejerciendo la igualdad y sin tener que pisar o suprimir derechos de otros para sentirse mejor o más seguras. Mujeres que deciden libremente trabajar o no, ser madres o no, tener pareja o no. Porque la libertad es tener opciones y poder elegir, no obligar a tener un determinado pensamiento o conducta a todo el mundo, porque es lo que interesa, conviene, o se pone de moda en un determinado momento.

Me doy cuenta de que soy una minoría, una de esas extrañas mujeres heterosexuales, sin hijos y que entienden la igualdad de otra manera, razones que hoy en día parecen suficientes como para que me fusilen al amanecer. Pues nada, que me quiten lo bailado.