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Belén Marticorena

Sobreviviendo en la Jungla

Belén Marticorena


Mañana puedes ser tú

10/06/2022

Cuando inicié mis pasos en la justicia, el principio de más vale un culpable en la calle que un inocente en prisión, era uno de esos aforismos que me inspiraban. Desde hace un tiempo, la sociedad ya no es compasiva, y le importa más bien poco que alguien inocente sea declarado culpable por algo que no ha cometido. Todos parecemos asumir que este tipo de cosas, solo les pasan a los demás.

Pero la vida es muy caprichosa y la rueda gira y gira, y cuando uno menos se lo espera, alguna de esas personas que lo significan todo para ti, se mete en un problema que le lleva directamente hasta un calabozo y hasta el desconocido mundo judicial. Es en ese instante cuando todo cambia y aquello que los medios, la opinión pública y los tertulianos condenamos y criticamos desde la comodidad de nuestras vidas, se convierte en otra realidad bien distinta para quien lo sufre. Antes, nuestro derecho exigía probar que eras culpable, y en muchas facetas continúa siendo así. Pero la justicia no ha conseguido librarse y, presionada por los otros dos poderes: legislativo y ejecutivo, se pierde en intereses que nada tienen que ver con su verdadera labor y significado.

Y sí, hablo de las normas que parecen reproducirse como las chinches, y cuyo único objetivo parece ser limitar e impedir el ejercicio de derechos fundamentales. Para mí, lo último ha sido el no distinguir entre el monstruo maltratador y el resto de los hombres, metiendo a todos en el mismo saco y aplicando normas que no solo les perjudican gravemente a ellos, sino también a los menores afectados. No hace falta más prueba, con una simple discusión en la que se suba el tono y se te escapen unas palabras desafortunadas pueden llevarte a estar en el grupo de aquellos padres que no van a poder ver a sus hijos en meses, y tal vez en años. Seguramente esto les parezca a muchos de ustedes correcto, pero para mí solo demuestra que nos hemos vuelto cobardes y mezquinos. Una decisión de este calado debe tomarse desde el conocimiento acreditado de lo que está pasando realmente y no solo por lo que dice una de las partes, o por una directriz dada por el político de turno, y ello porque mañana nos puede tocar a nosotros.