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Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Fenómenos extraños

12/09/2022

Faltaba poco para que despuntase la aurora cuando un par de vecinos de nuestra muy noble ciudad repararon hace unos días en una bola de fuego que surcaba la bóveda celeste e iba dibujando una estela luminosa por encima de las naves del polígono de Villalonquéjar. Uno da en conjeturar que, por muy escéptica que sea la naturaleza de tales ciudadanos, no podrían evitar estremecerse un puntito ante semejante portento y enredarse en las mismas cábalas a las que damos vueltas desde hace siglos: al fin y al cabo, piensan muchos, con los miles de millones de soles que la pueblan, no parece descabellado aventurar que exista alguna otra civilización en nuestra galaxia, y que un buen día ocurra que mande una delegación a hacernos una visita y se nos caigan entonces los tirantes del susto.

Claro que la realidad, siempre tan prosaica, enseguida nos llama a capítulo en cuanto la imaginación se nos desboca un poquitín, y al cabo ha resultado que no era tal el prodigio, sino pura industria: ocurre que el magnate estadounidense Elon Musk lleva tres años enviando un montón de satélites al espacio para habilitar un servicio de internet vertiginoso, barato y de cobertura mundial, y es esa constelación metálica la que estos días se está avistando desde varios puntos de nuestro país.

En cualquier caso, siempre nos podemos consolar con otros fenómenos extraños que detectamos sin esfuerzo en nuestro entorno, estos sí sin explicación plausible que valga. Ahí tenemos, por ejemplo, los tres días de luto decretados en Madrid por doña Isabel Díaz Ayuso tras la muerte de Su Graciosa Majestad Isabel II, confundiendo acaso en su papanatismo la pradera de San Antonio de la Florida con las llanuras de Oxfordshire, o el barrio de la Prosperidad con las calles de Notting Hill; o, por acercarnos más a nuestros predios, el patriotero empeño de la Junta de Castilla y León en jorobarnos el puente de Año Nuevo para que se celebre como Dios manda la solemnidad del apóstol Santiago e inyectarnos, de paso, unas dosis extra de españolía, que a su parecer falta nos va haciendo. 

Visto lo visto, lo mejor que podemos hacer es mirar al cielo, ocupación más entretenida, mucho menos desalentadora y que acaso nos permita detectar algún día señales de vida inteligente.